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Tienen un hogar, pero no es el suyo: son jóvenes entre 13 y 17 años que han vivido con una pregunta recurrente ¿quiénes son y de dónde vienen? Son lo huérfanos de la Casa San Bernabé, un centro ubicado en Carretera a El Salvador que alberga a 115 menores de edad, que fueron abandonados por su familia. 

Saben de matemáticas, de arte y deportes, pero ignoran su pasado. Es el caso de Juan Carlos, un chico de 15 años, que concluyó su ciclo básico de estudios. Antes de aprender a hablar y caminar su mamá se había ido:

-No sé nada sobre mi familia

 ¿Cuánto tiempo tenés en el hogar? 

-Hay personas que me dicen que he estado aquí desde bebé y otros desde los tres años. Tengo mucha confusión.

Su pasado es confuso, sus recuerdos nulos o vagos. En el hogar tiene una familia numerosa y aunque acá no hay hermanos de sangre, parecen duplicar sus historias. 

Olvidados por su familia

Hay un denominador común en Casa Bernabé: los chicos están marcados por la violencia, el abandono o rechazo de la familia.

El hogar alberga de recién nacidos hasta jóvenes que llegan a la mayoría de edad. Los chicos provienen de situaciones de crisis y riesgo, referidos por los juzgados de la niñez y adolescencia. 

La residencia logró romper con el ciclo de violencia, pero estos chicos necesitan algo más: hay una fuerte necesidad de amor y las palabras de María Isabel de 16 años lo denotan.

Uno como adolescente también quiere tener alguien con quien contar, porque eso no solo pasa cuando uno está pequeño sino a esta edad, porque son momentos de confusiones, decisiones y sería lindo tener a alguien con quien contar.

María Isabel tiene un hermano, Juan Diego, un año mayor que ella. Habla de él y su rostro se alegra, dice que es su motivación, pero ambos fueron separados:

La última vez que lo vi fue en el 2016, a él lo adoptaron y a mí no. Yo me iba ir con otra familia, pero en eso cerraron el hogar y me trasladaron acá, solo él se logró ir, ahora está en los Estados Unidos.

Niños invisibles

El 25 % de los chicos en el hogar han superado los 13 años, están en situación de adoptabilidad, pero haber crecido reduce sus posibilidades de que una familia quiera adoptarlos. La mayoría busca niños recién nacidos o en los primeros 5 años de vida para mejor adaptabilidad. 

Tres frases de Juan Carlos, Enrique y Mauricio de 15, 13 y 16 años resumen su sentimiento:

-Triste porque hasta ahora no he podido estar con una familia. 

-Me siento solo, vacío por dentro.

-Podemos demostrar que aunque estamos grandes, podemos dar todo.

En la residencia estos jóvenes ven como los más pequeños se van uno a uno. Ellos, aunque tienen asegurada la educación, el techo y la alimentación sueñan con la familia que nunca tuvieron. Mientras eso llega se esfuerzan por alcanzar sus metas: algunos quieren ser cineastas, ingenieros o reconocidos médicos.