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Alejandro Portes, sociólogo y demógrafo estadounidense de origen cubano, recién reconocido con el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales por su extensas investigaciones sobre las migraciones mundiales, conversó acerca de la naturaleza y las soluciones del problema que generan los flujos de migración hacia Estados Unidos.

Portes explicó que, ante la llegada masiva de migrantes, suele surgir una tensión entre la población receptora: mientras que algunos ciudadanos optan por recibir a los extranjeros, otros desarrollan una actitud hostil hacia ellos. Así lo explica:

“Se tiende a formar una división. Hay una escalada por la compasión, con instituciones religiosas y civiles que tratan de librar la trágica situación de los migrantes. Por otra parte, más militantes y nativistas, claramente en EE. UU., están los que no los reciben porque perciben como si los estuvieran invadiendo y tomando los espacios de los servicios sociales. Estos han sido un arma política en manos del actual presidente para usar el sentimiento de xenofobia y oposición a la continua migración”.

Según los datos del Pew Research Center, un centro de estudios dedicado a monitorear y evaluar temas sociales, en los últimos años ha cambiado la dinámica migratoria hacia Estados Unidos. Entre 2007 y 2017, las llegadas de los migrantes que provenían de la región norte centroamericana aumentaron en un 6%, mientras que México dejó de ser el lugar de donde provenía la mayor parte de foráneos.

El profesor, que dicta la cátedra de Sociología en la Universidad de Princeton, identifica dos segmentos entre los migrantes provenientes de México y el Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador).

“Hay un flujo constante de migrantes que vienen con visa H2A, que son de un año para trabajo manual en agricultura; y con visa H2B, para servicios personales. Luego, están los solicitantes de asilo, que vienen de Estados implosionados, donde la violencia es fuerte. No es muy probable que estos reciban asilo y, como no los pueden tener a todos en la frontera, les ponen grilletes electrónicos en los tobillos y los sueltan. Aquí en Princeton hemos recibido un flujo constante de guatemaltecos y hondureños con grilletes que controla el servicio de inmigración”, dice.

De acuerdo con los datos del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, desde hace 6 años incrementó el número de solicitudes de asilo procedentes de Honduras, El Salvador y Guatemala. Entre 2013 y 2015 hubo más solicitudes de estos países que en los 15 años anteriores combinados. Solo entre 2014 y 2016 la cifra incrementó en un 13%.

La relación es reveladora: en 2018, según el experto, llegaron a Estados Unidos medio millón de migrantes con visa de trabajo agrícola y 600 mil con visa de trabajo manual. Para él, la mejor estrategia para combatir la inmigración indocumentada de obreros radica en ampliar la oferta de visas temporales de empleo. Así opina:

La economía estadounidense lo necesita. Los propios empleadores se quejan de que no tienen suficientes trabajadores, entonces tienen que irse a emplear a indocumentados. Un ejemplo es que las personas que llegan con grilletes encuentran trabajo en dos o tres días”.

Más allá de otorgar más visas laborales, Cortes sostiene que la clave para erradicar la hostilidad hacia los inmigrantes está en el cambio de actitud del Estado: a medida que abandona el rechazo hacia los extranjeros, la sociedad modifica sus actitudes de desprecio.

“Cuando los migrantes intentan quedarse, traen a sus familias y comienzan a utilizar sus servicios sociales (como las escuelas y la salud), se genera resentimiento. Eso se puede superar si el Estado protege a la población inmigrante y la deja acceder a estos servicios. Solo cuando el Estado pasa de una posición de explotar el miedo xenófobo a integrar a los inmigrantes, tiene la posibilidad de dejar de enfrentar este tipo de hostilidad, que es muy extensa”, afirma.

Pero a su criterio, el panorama actual pinta todo lo contrario.

“En los estados del sur, han pasado una serie de medidas antimigratorias que buscan hostilizar a los extranjeros y hacerles más difícil el acceso a esos servicios, para que se vayan. Desde el 2005, suman 10 millones de personas enviadas de nuevo a sus países”, menciona.

El profesor enfatiza que la inclusión de los migrantes es una tarea a largo plazo para la sociedad estadounidense, pues está marcada por una división racial evidente. Así lo explica:

“Se puede mejorar en el futuro. En el mapa cognitivo que tienen los estadounidenses se ha cristalizado una división: blancos no hispanos, hispanos, negros y asiáticos. En España, los hijos de migrantes, que no tienen ese marco étnico racial, tienden a identificarse como españoles a secas, mientras que en un estudio similar que se hizo en Estados Unidos solo el 3% de los hijos de inmigrantes se identificaban como americanos a secas. Se ve la diferencia”.

Una encuesta realizada por el Pew Research Center en enero de 2019 evidencia una actitud de acogida por parte de los estadounidenses. Sus resultados señalan que la mayoría tiene una percepción favorable hacia los inmigrantes: 6 de cada 10 opinan que “fortalecen al país por su trabajo duro y talentos”, mientras que 3 de cada 10 consideran que sobrecargan a la nación al tomar espacios de trabajo, viviendas y servicios de salud.

El debate de la crisis migratoria en la región creció en los últimos días, luego de que Estados Unidos estuvo a punto de firmar un acuerdo de “Tercer País Seguro” con Guatemala. El pacto buscaba convertir al país en territorio para migrantes de otras naciones mientras Estados Unidos decidía si les otorgaba asilo dentro de sus fronteras.