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Autor: Juan Luis Font

  • Usted puede entender cuán amenazadores han sido para muchas personas con poder económico y político los últimos cuatro años en Guatemala.
  • Desde que en abril de 2015 arrancó un proceso de combate a la impunidad enfocado en la corrupción, con el caso de La Línea, el esfuerzo ha alcanzado a decenas de políticos. Al principio, la batalla fue recibida por casi todo el mundo con gran entusiasmo y esperanza. Pero pronto empezaron a surgir evidencias de que muchas personas, antes consideradas intachables y prestigiosas, se beneficiaban también de la corrupción. A partir de ahí vinieron las suspicacias primero, el miedo y el rechazo después.
  • El presidente Jimmy Morales no lo planificó así, pero las jóvenes autoridades que él nombró en la SAT promovieron el cobro coercitivo de impuestos caídos y disputados por largo tiempo. Dueños de grandes empresas se vieron en riesgo de ir a la cárcel o incluso pasaron brevemente por la prisión hasta pagar sus impuestos.
  • La presión ejercida desde la plaza y la acción penal de CICIG y MP impulsaron una reforma electoral que dificultó (no impidió por completo) predeterminar al ganador de las elecciones en base a intereses económicos. Ese era otro cambio sensible para el establishment.
  • A esa reforma se suma la acción penal contra el financiamiento electoral anónimo (ahora financiamiento no registrado, después de una reforma legal apresurada en el Congreso) que alcanzó a varios empresarios.
  • Todo este cúmulo de cambios confrontó al viejo sistema mercantilista del gran capital y la política tradicional con un intento de hacer valer la ley sobre todas las personas en el marco de una democracia.
  • Sin duda, este esfuerzo de lucha contra la impunidad ha supuesto errores y excesos. Además, en un sistema de justicia rebasado por el volumen de casos que demandan su atención y con vicios antes imperceptibles porque las élites -excepto en casos extraordinarios- no se sometían a él, la sensación de indefensión ha crecido exponencialmente.
  • Pero en lugar de discutir la forma de reducir esas fallas del sistema y de garantizar democráticamente los derechos ciudadanos ante la justicia, el poder político tradicional y la mayor parte de la elite económica ha seguido la ruta opuesta: adversar la modernización del modelo, combatir la posibilidad del cambio y bloquearlo con mañas.
  • Como resultado, vamos hacia una elección donde no hay posibilidades reales de que gane un proyecto reformista.
  • Ya ha iniciado el proceso para elegir nuevas cortes suprema y de apelaciones. Se fortalece el corporativismo para tener magistrados que le hagan el favor a los acusados de corrupción de mantenerlos impunes. El Congreso previsiblemente volverá a tener mayoría de quienes prefieren que no haya cambios significativos en el sistema.
  • Bloquear la candidatura de Thelma Aldana en 2019, la única reformista con una opción de triunfo electoral, es el equivalente moderno a la fórmula que se aplicó a Manuel Colom Argueta y a Alberto Fuentes Mohr. A a finales de los años 70 prefirieron matarlos antes que permitirles competir. Si competían, tenían posibilidades de triunfo.
  • También es cierto que hoy los partidos y sectores que promueven las reformas al sistema para hacerlo más efectivo y democrático simplemente fueron incapaces de buscar la unidad.
  • En los años 70, cerrarle el paso a una reforma al sistema alentó la guerra interna. En 2019, al bloquear las elites la opción de la reforma al modelo político y económico, por un lado generan frustración. Pero por el otro, avivan algo menos deseable para ellos. Le dan fuerza al inconformismo en un electorado que, tímidamente todavía, empieza a identificarse con una opción política adversa al sistema, pero que se atiene a las reglas para competir. Esto es lo que representa el Movimiento para la Liberación de los Pueblos y su candidata Thelma Cabrera.
  • Sea cual sea el resultado electoral, este movimiento político demuestra ya que tiene arraigo popular. Y consigue apoyo en la clase media. Pero su opción no es la de reformar sino la de terminar con el sistema y construir uno nuevo.
  • Los otros candidatos favorables a reformar el modelo tan fallido en el cual vivimos, el que provoca que la mitad de los niños del país padezcan desnutrición crónica o que más de 5 mil personas a la semana elijan huir de Guatemala rumbo a Estados Unidos, tienen muy escasas o nulas posibilidades de triunfo en las elecciones del 16 de junio.
  • Para combatir estos males de raíz es indispensable cerrarle el paso a la perniciosa idea de que el mejor atajo para la riqueza súbita es hacer política. O la idea de que sólo asociandose con los políticos se logra mantener o hacer crecer el negocio. Pero eso luce menos probable con las opciones electorales que marchan a la cabeza.