De la meritocracia a la dedocracia
¿Para qué construimos procesos de evaluación, tablas, expedientes, entrevistas y comisiones si, llegado el momento decisivo, el resultado de todo aquello pesa menos que el acuerdo político?
Publicado el 09 Oct 2026

No conozco a Elfego Castañón y sería injusto anticipar cómo ejercerá como Contralor General de Cuentas. Mi reflexión no es sobre Castañón, sino sobre la manera en que se vuelve a demostrar que cuando llega el momento de escoger entre el mérito y la conveniencia política, se sabe perfectamente lo que ocurrirá.

El nuevo CGC fue elegido con 154 votos. Conseguir semejante acuerdo en el Congreso de Guatemala debería estudiarse como un fenómeno político sin precedentes. Diputados que discrepan sobre presupuestos, leyes, nombramientos, estados de excepción y casi cualquier asunto imaginable, descubrieron de pronto una extraordinaria capacidad para coincidir. Cuando tal cantidad de diputados se ponen de acuerdo, es momento de hacerse preguntas.

El elegido es hermano de un diputado electo por el Movimiento Semilla, y resulta difícil no imaginar el escándalo que una relación familiar semejante habría provocado en otros momentos y con otros protagonistas, pero parece que los conflictos de interés también tienen temporada, y perdón.

Vayamos ahora al mérito. La Comisión de Postulación envió seis nombres al Congreso. El electo tenía 65 puntos, la calificación más baja de los seis. En algunas universidades esa nota apenas permite celebrar que uno sobrevivió al curso, en cambio, en la política nacional, puede conducir a dirigir la institución encargada de fiscalizar el uso de los recursos públicos. Esto conduce a una pregunta bastante sencilla: ¿para qué construimos procesos de evaluación, tablas, expedientes, entrevistas y comisiones si, llegado el momento decisivo, el resultado de todo aquello pesa menos que el acuerdo político?

La situación resulta todavía más incómoda porque Castañón llegó al tramo final con objeciones. Durante el proceso se formularon señalamientos sobre su imparcialidad y sobre un supuesto favorecimiento de familiares dentro de la Contraloría, relacionados con la contratación de un hermano y el ascenso de su esposa. Castañón sostuvo que no intervino en esas decisiones y que se habían seguido los procedimientos institucionales; la Comisión de Postulación rechazó sus descargos.

Entonces, si había candidatos con puntuaciones considerablemente superiores y sin ese conjunto de cuestionamientos, ¿qué cualidad excepcional encontraron 154 diputados en quien tenía 65 puntos y tachas sin disipar? Quizá algún día lo expliquen. Se ha conseguido algo verdaderamente curioso: hacer que 154 votos en lugar de despejar dudas sean motivo para formularlas.

A algunos les encanta hablar de instituciones, transparencia, idoneidad y meritocracia. Son palabras estupendas para discursos, foros y comunicados, pero cuando llega el momento de decidir reaparece la verdadera especialidad: la dedocracia. Y esto trasciende a un gobierno, un partido o una legislatura. Cada grupo promete corregir los vicios del anterior hasta que obtiene suficiente poder para descubrir las enormes ventajas de conservarlos. Entonces lo que ayer era intolerable hoy se vuelve explicable.

Tengo cada vez menos confianza en esa voluntad manifiesta de arreglar el país. No porque se carezca de personas capaces ni porque resulte imposible diseñar buenos procedimientos, sino porque se crean mecanismos para seleccionar a los mejores y terminan seleccionando según las necesidades del momento. Después nos sorprendemos de que las instituciones funcionen mal.

Y no tenemos un problema de falta de normas, comisiones, tablas o procedimientos, sino uno bastante más sencillo y, por eso mismo, más difícil de resolver: seguimos eligiendo con los pies y por interés personal, cuando deberíamos elegir con la cabeza pensando en el interés general.

Lo demás son discursos que no van a ninguna parte y únicamente convencen a los conformistas. Somos una sociedad hipócrita y con alto grado de corruptela, pero intentamos que sólo se vea la del otro, mientras limpiamos y bañamos nuestra conciencia.

¡Este país tiene poco futuro, y mucha mugre!

Pedro Trujillo
Pedro Trujillo

Socio fundador de ConCriterio, S.A., empresa de generación de contenidos periodísticos. Profesor universitario y conductor de radio y TV