Llegó fin de año y cierra con nostalgia y dolor: la pandemia del Covid-19 suma 4 mil 500 fallecidos, a ellos se suman las 61 personas que perdieron la vida con las tormentas ETA e IOTA.

Las lluvias arrasaron con cultivos y viviendas. Y muchas de ellas, 45 días después, están bajo el agua, como la de Carlos Coc, enfermero de Campur, Alta Verapaz, encargado de logística de medicamentos en el área de salud, un aficionado a la fotografía:

Estar fuera de casa es bastante complicado porque no están las condiciones a las que uno está acostumbrado. Hacinado, con frío y quizá hambre no, porque Guatemala se ha volcado a ayudarnos.

El núcleo familiar de Coc lo integran 15 personas, pero cuando se inundó su casa, cada quién buscó refugio donde pudo:

Yo estoy viviendo en una iglesia, nos dieron un lugar para nueve personas y ahí estoy con mi familia. Otro de mis hermanos está en una escuela y hasta la fecha, mi casa sigue inundada y me preocupa porque es la única que tengo y no sé cuánto puede soportar la infraestructura.

Como el caso del enfermero y sus 15 familiares hay más: 133 mil 275 personas están en albergues oficiales y no oficiales de acuerdo con la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED). La mayoría, 127 mil 945, está en centros no oficiales.

La Navidad va ser un poco atípica para miles de damnificados -siento como pecado quemar fuegos artificiales, comer un tamal mientras que mis vecinos están mal. Quizá voy a estar llorando, no es el mismo sentimiento. Ayer vino un grupo de personas a dejar juguetes y le cambió el semblante de tristeza los niños. Seguramente la Navidad va ser muy diferente a lo que estamos acostumbrados a vivir.

Andrea Milián, directora de la Secretaría de Obras Sociales de la Esposa del Presidente en Alta Verapaz (Sosep), que coordina con la Conred los albergues, comenta que procuran llevar una cena navideña a los albergados, pero necesitan apoyo:

“Estamos viendo qué organización se suma para poder llevar algunos juguetes a los niños y llevar tamales para los albergues de Campur y San Cristóbal, que van para largo”.

Esta funcionaria ha notado algo en estas poblaciones con 45 días albergados:

Hemos observado la tristeza en sus ojos, no hay necesidad de que hablen, pero en reuniones han manifestado que no están bien, necesitan apoyo.

En este departamento hay 2 mil 694 albergados. En Izabal, también afectado por las lluvias, hasta el 18 de diciembre se contaban 549 personas en los centros.

Elcira Caal, de 39 años, mamá soltera de 6 hijos, el más pequeño de 4 meses y la mayor 22 años. Su casa está a la orilla del lago Izabal:

“A mi se me cayó por las olas que pegaron… sin puertas está”.

Caal debió regresar a su residencia, porque el albergue en Livingston cerró. No obstante, comenta que dormir bajo otro techo es difícil:

Uno en su casa está tranquilo y allá estábamos entre el montón, pero ¿qué podíamos hacer? No podíamos vivir bajo el agua. Sí nos afectó bastante la tormenta.

Mayra Arévalo, delegada de Conred en Izabal, dice solo El Amate y Morales mantienen albergues, pues fueron los municipios con mayor impacto:

Algunas comunidades de Morales desaparecieron prácticamente y las personas están muy afectadas ya que dicen que ni con Mitch lo vivieron. 

En todo el país, de acuerdo con la Conred, 81 mil 600 viviendas sufrieron daños, 4 mil 300 un impacto severo.