La democracia del bostezo
Firmaron el gasto para 2026 —incluso los oficialistas que tanto criticaron ese proceder años atrás— como quien se deshace de un compromiso incómodo: rápido, sin hacer ruido y esperando que las críticas se disipen.
Publicado el 05 Dic 2025

Firmaron el presupuesto como quien firma un recibido: sin mirar, sin preguntar y, por supuesto, sin asumir responsabilidad alguna. Apenas se escuchó el “aprobado”, los diputados salieron disparados —no vaya a ser que alguien les pidiera explicaciones de la asignación millonaria a ONG que solo existen en la imaginación hiperactiva de algún operador político. Eso de trabajar trasnochando, de desvelarse por el país, claramente no es lo suyo. Necesitan descanso, varios días, o semanas, según la sensibilidad de cada uno. Eso sí: cuando el reloj marca las altas horas de la madrugada entre pitos, flautas, comida, bebida, marimba o música urbana, ahí sí tienen energía para tirar cohetes. El cansancio, al parecer, solo les llega cuando toca trabajar. Misterios del cuerpo humano.

Resulta que firmaron el gasto para 2026 —incluso los oficialistas que tanto criticaron ese proceder años atrás— como quien se deshace de un compromiso incómodo: rápido, sin hacer ruido y esperando que las críticas se disipen solas. Que si los CODEDES, que si las asignaciones mil millonarias para ONG “muy cercanas” a todos los partidos, que si el pago de los 40 millones de dólares al CAF…

¡Simpáticos los muchachotes! Siempre generosos con el dinero de los demás.

Mientras tanto, nosotros, los ciudadanos, seguimos siendo oficialmente felices. Nada más y nada menos que en el puesto 42 del Índice de Felicidad 2024, justo detrás de Italia. Pero ahí vamos, rumbo a Navidad, quejándonos de lo que estos simios políticos nos hacen. Eso sí, protestamos bajito, casi en susurros, no vaya a ser que alguien nos oiga y se ofenda. Una valentía a medias que, como decía mi abuelo, sirve para poco más que para engordar tiranos. Si uno no va de frente, la cobardía acaba saliendo cara, y siendo cómplice.

Y mientras tanto, seguimos calentando motores para la clásica “clavada de fin de año”, esa tradición tan nuestra como el tamal y el ponche. Seguramente vendrá disfrazada de bono extraordinario o retroactivo, gasto urgente o pacto colectivo recién cocinado. Lo mismo de siempre, pero con el moño navideño. Ahí tiene usted, por ejemplo, a los trabajadores del Organismo Judicial, que le dieron un día de permiso para no trabajar porque deben ir a recoger su regalo. ¡Una chulada! Imagínese la escena: “Fíjese licenciado que hoy no puedo atenderlo porque tengo que ir a por mi regalo pagado con su dinero, pendejo. Venga mañana. Y uno todavía da las gracias resignadamente.

No sé si no nos damos cuenta o si ya nos gusta. Pero mientras sigamos dejándonos, seguirán avanzando: más abuso, privilegios y descaro. Y luego nos preguntamos por qué es tan difícil salir del atolladero. Pues porque cada año nos hundimos un poquito más.

Y para completar el cuadro, todavía falta que el presidente fije el salario mínimo. Lindo tema. Si sube poco, brincarán unos; si sube mucho, brincarán otros. ¿Cómo es imposible quedar bien? La solución sería simple: eliminar el salario mínimo y dejar que cada uno pacte libremente con su empleador cuánto vale su trabajo. Pero no. El estatismo iluminado, esa soberbia de creer que ellos saben mejor que cualquiera lo que debe hacer para estar contento, impide cualquier ejercicio real de libertad individual. Ese complejo de superioridad disfrazado de “sensibilidad social” es, quizá, la peor epidemia de nuestra región.

En fin. Estamos en manos de artistas del despropósito, pero con pretensiones de genios.

Al final, la política no cambia: si el ciudadano baja la cabeza, el gobernante sube los abusos. Donde hay silencio, siempre habrá presupuesto despilfarrado. La lección es simple: cuando la gente se acostumbra al abuso, este se vuelve sistema. Y cuando el sistema premia al mediocre, el país termina pagando un precio muy alto.

miradorprensa@gmail.com

Pedro Trujillo
Pedro Trujillo

Socio fundador de ConCriterio, S.A., empresa de generación de contenidos periodísticos. Profesor universitario y conductor de radio y TV

Sobre <a href="https://concriterio.gt/author/ptrujillo/" target="_self">Pedro Trujillo</a>

Sobre Pedro Trujillo

Socio fundador de ConCriterio, S.A., empresa de generación de contenidos periodísticos. Profesor universitario y conductor de radio y TV