Groenlandia: El gigante helado
La isla ocupa un lugar clave en la llamada Brecha GIUK —el corredor entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido—, un punto neurálgico para el control del Atlántico Norte.
Publicado el 09 Ene 2026

La mención del presidente Trump sobre Groenlandia ha despertado la inquietud de un sinfín de analistas. El problema es que se centran únicamente en la compra o adhesión que quiere hacer de dicha isla, con el agregado de que todo lo que haga el norteamericano cae mal por razones que no es necesario exponer.

Sin embargo, los groenlandeses llevan tiempo buscando su autonomía e independencia de Dinamarca. De hecho, en las pasadas elecciones de marzo de 2025, de los seis partidos más votados, cinco eran de corte independentista y uno de ellos fue el vencedor; lo que deja claro que los habitantes del lugar desean un autogobierno y no seguir anclados a Dinamarca.

Hay, por tanto, al menos dos versiones en el debate sobre Groenlandia: la del apoderamiento de la actual administración de EE. UU. y la de la independencia sentida por sus habitantes, quienes pueden terminar decidiendo con quién se alían. No hay una única versión, como pretenden presentar la mayoría de los medios de comunicación.

Y es que, en este mundo realista —por más que los multilateralistas no lo quieran reconocer—, tanto Rusia como China le tienen puesto el ojo al lugar, porque quien lo controle tendría el control del Ártico, además de un espacio geoestratégico de mucho interés, sobre todo por la extensión y los recursos minerales que tiene. Recordemos que, en la era de la tecnología, el petróleo sigue siendo muy importante, pero no lo son menos los yacimientos de minerales estratégicos para uso tecnológico.

En Prisioneros de la geografía, Tim Marshall vuelve a recordarnos, con Groenlandia como ejemplo incómodo, que la geografía no ha perdido poder: solo había estado dormida. En el Ártico, el deshielo no es una postal ecológica, sino una señal estratégica. Al retroceder el hielo emergen rutas marítimas, recursos naturales y, sobre todo, una nueva frontera de competencia entre grandes potencias. Groenlandia, vasta, despoblada y aparentemente periférica, se convierte así en una pieza central del tablero global.

La isla ocupa un lugar clave en la llamada Brecha GIUK —el corredor entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido—, un punto neurálgico para el control del Atlántico Norte. Para la OTAN y Estados Unidos, esta franja es esencial para contener la proyección naval rusa; para Moscú, una tentación estratégica. La ubicación convierte a Groenlandia en un activo militar de primer orden, más allá de su escasa población o su dependencia formal de Dinamarca.

A ello se suma el atractivo económico. El cambio climático facilita el acceso a petróleo, gas y minerales críticos, mientras abre rutas comerciales que reducen tiempos y costos entre Asia, Europa y América. China lo ha entendido con claridad y busca ampliar su influencia mediante inversiones, acuerdos científicos y presencia económica. Rusia, por su parte, refuerza su despliegue militar en el Ártico. Estados Unidos observa, inquieto, cómo un territorio clave para su seguridad hemisférica se vuelve objeto de seducción geopolítica.

El problema es que Groenlandia es difícil de proteger. Su costa interminable y su entorno hostil superan con creces las capacidades de Dinamarca, lo que obliga a replantear el papel de la OTAN y la arquitectura de seguridad en el norte. La fragilidad no es solo militar, sino política: un espacio poco defendido tiende a atraer a quienes sí están dispuestos a proyectar poder.

Para Marshall, Groenlandia no es una anomalía, sino un síntoma. Allí se condensan las dinámicas de un nuevo orden internacional en el que la geografía vuelve a imponer límites y oportunidades, y donde el control territorial y la fuerza militar recuperan protagonismo. El Ártico deja de ser periferia y se convierte en centro. Y Groenlandia, silenciosa y helada, reaparece como lo que siempre fue: un territorio demasiado importante para ser ignorado.

miradorprensa@gmail.com

Pedro Trujillo
Pedro Trujillo

Socio fundador de ConCriterio, S.A., empresa de generación de contenidos periodísticos. Profesor universitario y conductor de radio y TV

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