Lograrlo le tomó dos años y cinco meses a la ministra de Educación, Anabella Giracca. Pero gracias a su esfuerzo, Joviel Acevedo, líder sindical del magisterio, ha perdido las dos principales fuentes de poder que lo sostenían. Perdió su capacidad para forzar un incremento salarial cada año para los maestros de educación pública. La ministra le arrancó esa potestad otorgando ya por dos años consecutivos de modo propio, sin negociar con Acevedo, el aumento en unos rangos inferiores a los que el propio sindicalista hubiera exigido.
Y el jueves último, una acción suya y del Procurador General de la Nación, Julio Saavedra ante la Corte de Constitucionalidad, dejó sin efecto el poder que contra la ley el gobierno de Alejandro Giammatei le había otorgado. Poder para supervisar programas educativos, poder para autorizar o rechazar la capacitación de los maestros, poder para intervenir como autoridad pública en asuntos que sólo le competen al Ministerio.
La Corte de Constitucionalidad, que por tantos años resguardó a la figura de Acevedo, hoy resuelve en contra de sus intereses y le clava la segunda banderilla en el lomo.
Atrás quedaron los tiempos en que el dirigente de los maestros lograba escapar de las evidencias de corrupción gracias a la diligente complicidad del Ministerio Público de Consuelo Porras que le ayudó a salir bien librado de la corruptela de la construcción de la Casa del Maestro en tiempos del partido Patriota.
Joviel Acevedo se convirtió a lo largo de su carrera como sindicalista en lo opuesto de lo que había prometido ser. Se convirtió en una fuerza política dispuesta a apuntalar al sistema corrupto del país a cambio no sólo de incrementos salariales para los miembros de su sindicato sino de prebendas para sí mismo y para los suyos. Acevedo apoyó a Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti. A Jimmy Morales. A Alejandro Giammatei y antes al gobierno de Alvaro Colom. Lejos quedaron los años en que Acevedo luchó por conseguir igualdad de condiciones laborales para miles de maestros que trabajaban por contrato, sin derecho a cotizar a la seguridad social, ni al aguinaldo ni al bono 14. En cambio, se convirtió en un rentista más del sistema clientelar y de mediocridad del modelo político guatemalteco. Su actitud permanentemente hosca ante la prensa que lo cuestiona, su mal manejo de la ira frente a los diputados que lo cuestionaban ante las cámaras, contrasta sensiblemente con su notoria complacencia con los gobernantes más corruptos.
Su derrota por parte de Giracca y del gobierno de Bernardo Arévalo puede marcar el inicio de una nueva era para la educación pública en Guatemala. Pero los alcances y los logros, las propias ambiciones de esa era nueva ahora dependerán enteramente de la capacidad o de las limitaciones del equipo técnico y político del Ministerio de Educación. ¿Puede aspirar el contribuyente guatemalteco a que sus hijos se eduquen con tanta o más calidad en el sistema escolar público que en el privado? ¿Podrá garantizar ese sistema que hará competitivos y ofrecerá oportunidades de desarrollo real a quienes culminen el ciclo de Primaria, de Educación Básica y de Diversificado? ¿Tendremos un sistema de educación moderno, bien equipado, con instalaciones de primer nivel y recursos didácticos del mejor orden? Sobre todo, ¿percibiremos una mejora real en la calidad de los maestros guatemaltecos?
La victoria política sobre Joviel Acevedo solo tiene sentido real si viene apareada de un cambio en las condiciones en que han estudiado por muchos años los alumnos guatemaltecos.
Esa es la tarea más valiosa que deberá asumir el nuevo liderazgo sindical en Educación Pública. Levantar el nivel de exigencia a las autoridades mucho más allá de las mejoras salariales para ellos. Reclamar por una educación de la mejor calidad para los hijos de los más pobres en Guatemala.
