Nuestra yanki dependencia
La búsqueda vergonzante del favor de Washington como un rasgo del liderazgo nacional.
Publicado el 26 Jun 2026

El Washington Post nos ha ventaneado. A todos, aunque la imagen que se reproduzca una y mil veces para ilustrar la nota sea la de Rodrigo Arenas. Él protagoniza la enésima rogativa guatemalteca en la capital política de Estados Unidos (antes el Distrito de Columbia hoy Maralago en West Palm Beach). El objetivo siempre es conseguir el favor del César para una causa política y económica que carece del apoyo necesario en Guatemala para caminar sin muletas. Arenas personifica hoy el esfuerzo desesperado de los grandes capitales, bajo el patrocinio presumible de accionistas de Cementos Progreso, por mantener, recuperar, no perder del todo, su dominio sobre Guatemala. Sus candidatos pierden las elecciones, pero sus jueces y magistrados, sus fiscales y sus procuradores y sus contralores están llamados a mantener dentro de los límites ya probados cualquier amago de cambio político y social en el país. Por eso se esfuerzan. En eso invierten. Y en estos tiempos en que Washington se ha vuelto una especie de tierra de bucaneros, en la cual resulta tanto o más rendidor acercarse con muchos billetes a un allegado del dueño de la Casa Blanca que mantener persuadido al Secretario de Estado de la lealtad del gobierno guatemalteco, pues casi cualquier cosa es posible.

Como poner al encargado de la Embajada a conseguir el voto de los diputados para designar a la Corte de Constitucionalidad a un magistrado dispuesto a toda vergüenza y todo deshonor con tal de servir bien a sus amos.

Pero ese es ya un punto demasiado manido.

Lo interesante es que la dependencia de Washington la padece tanto el gran capital como las demás fuerzas políticas y sociales guatemaltecas.

Qué obsesión la nuestra. Porque también luchadores de causas sociales, políticos y empresarios del capital emergente, activistas de derechos humanos y de luchas cívicas todos sin excepción aunque con sus diferencias muy marcadas, se comportan cual satélites que orbitan en torno a los yankis. Ese es el gran poder.

En Guatemala, una causa sin el favor de Washington es como un huérfano de padre y madre.

La fuerza de la Comisión internacional contra la Impunidad (CICIG) fue portentosa hasta que desapareció el respaldo de la Casa Blanca. A partir de ahí, se arruinó la cosa.

¿De dónde viene esta codependencia guatemalteca? ¿Del trauma de la Contrarevolución en 1954? Muchos gobiernos y grupos políticos del mundo, muchos intereses económicos casi de cada país se hacen representar en Washington, ante el Congreso y el Senado, ante la Casa Blanca y el Departamento de Estado con la ayuda de los cabilderos. Procuran defender sus intereses. Pero lo de Guatemala raya en la obsesión malsana.

Una obsesión que refleja una inmensa debilidad. Acaso una incapacidad ya crónica.

Los señores del gran capital están hoy asustados porque no hay candidato ni partido político leal a ellos que logre ganar unas elecciones. Si no es por medio de trampas (como legitimar el fraude en la Universidad de San Carlos) no consiguen mantener el control de las instituciones. Se frustran por no haber logrado persuadir, sino solo a sus seguidores y a sus vasallos, de que la lucha contra la corrupción o contra los criminales de la guerra forma parte de la agenda del comunismo en el planeta.

Lo nuestro es de un infantilismo -o de una debilidad- vergonzosas.

Porque lo que se busca del gobierno de Estados Unidos es lo que no se puede obtener por medios propios en Guatemala: sustento popular. Respaldo real entre la población.

En contraste, Nayib Bukele construyó su poder político en El Salvador a despecho de Washington. El señor de la Espriella en Colombia no necesitó del respaldo de nadie para erigirse como el vencedor de sus elecciones.

Daniel Ortega, Hugo Chávez, también se han convertido en fuerzas políticas de peso contra la posición de la Casa Blanca. México, que tanta dependencia tiene de su vecino, por muchos años se ha atrevido a ejercer un nivel significativo de independencia.

¿Por qué Guatemala en cambio es tan reverente ante el poderío yanki?

Una parte de la respuesta se encuentra en esa precariedad de respaldo popular, pero también de determinación y calidad, de nuestro liderazgo. Los líderes de causas guatemaltecas se ven a sí mismos, ante su imposibilidad de persuadir a una mayoría sólida del país, como pequeños niños que necesitan de un andador para dar sus tímidos pasos. Y lo buscan en los yankis.

Juan Luis Font
Juan Luis Font

33 años de hacer periodismo, reportear, conducir, fundar y dirigir medios.

Sobre <a href="https://concriterio.gt/author/jlfont/" target="_self">Juan Luis Font</a>

Sobre Juan Luis Font

33 años de hacer periodismo, reportear, conducir, fundar y dirigir medios.