Soy y no soy un admirador de Taiwán. No lo soy porque le guardo resentimiento. Taiwán ve a Guatemala como un país de gente endeble y con escasos principios, proclive a la lisonja y al dinero fácil. Y así nos ha tratado a lo largo de tantos años de relación. Unos milloncitos por aquí, una beca para el nieto por acá y con eso nos mantienen en su bolsa. Entonces, resiento su desdén hacia este país nuestro pero merecido lo tenemos por el tipo de líderes que escogemos.
En cambio, les admiro por su constitución como Estado. Al no seguir el modelo de Montesquieu de organización estatal sino el de Sun Yat Sen, no se limitan a integrar solo un Poder Ejecutivo, uno Legislativo y uno Judicial como nosotros sino que suman el Poder del Servicio Civil (para contratar, evaluar y garantizar la idoneidad de los servidores públicossin repartir las plazas de los burócratas como si de otro botín se tratara) y el Poder Control, orientado a fiscalizar y garantizar el buen uso de los fondos públicos. Tanto el poder del Servicio Civil como el poder Control son autónomos y mayormente, aunque no del todo, independientes de la presión política. Y sin embargo cumplen con su función.
Vigilan que los servidores públicos sean los más competitivos para su papel, estén remunerados de manera congruente con esas amplias competencias, se actualicen de forma constante y cumplan con los objetivos que le son impuestos. Se aseguran de que haya una evolución positiva en las capacidades del tecnócrata o funcionario.
El Poder Control audita el gasto público, investiga corrupción y hace eco de las denuncias de ciudadanos sobre incumplimientos de los funcionarios o excesos de su parte. Se encargo de investigar abusos de autoridad, negligencias, corrupción e incumplimiento de deberes. Integra comisiones específicas o especiales para casos más amplios. Pero no emite sentencias sino censuras públicas y su función llega hasta promover el juicio político de los funcionarios irresponsables, además de presentar sus señalamientos al poder Judicial.
En Taiwán el dinero público -en términos generales- se respeta. Y debe cumplir su propósito.
Ese Poder Control taiwanés es el tipo de institución que para sustituir nuestra triste y actual Contraloría nosotros necesitamos. Celebro que el rector Miquel Cortés Bofil encabece la comisión para postular candidatos a nuevo contralor, pero entiendo que elegir al menos malo resulta muy insuficiente. Necesitamos a un Contralor que venga a proponer la revolución completa del sistema de control de probidad y calidad del gasto público. Impedir que la institución siga siendo esa fuente de engorros, de glosas extemporáneas e inútiles y que propicie la corrupción y la manipulación electoral vía la emisión de finiquitos.
Guatemala necesita algo muy distinto. Un auténtico Poder Control. Como necesita igualmente, un Servicio Civil muy diferente al que ahora tenemos. Un funcionariado probo y capaz, que no improvise, que no busque todo el tiempo llevar agua al molino de unos pocos aprovechados. Hay que desaparecer por siempre las plazas fantasmas.
Ojalá y Guatemala quisiera aprender algo del modelo de Taiwán. Lo estudiara y aplicara para sí lo mejor y lo más útil. Pero sin dejar de tener en cuenta que en medio de tanta virtud ese es un modelo que le ha dado manga ancha a los gobiernos de la isla para comprar con dinero de los taiwaneses a los Presidentes guatemaltecos.
