Faltan diez meses para las elecciones presidenciales y aún no hay un candidato favorito del gran capital. Quizá nunca lo haya.
Zury Ríos recorre el país como aspirante del partido Unionista pero su resultado en 2023 fue tan magro y el entusiasmo que hoy inspira tan insondable en las pocas mediciones conocidas, que difícilmente será una favorita. O sea, se da a querer con los meros meros, pero de ese cariño no se salta al poder sino con éxito electoral. Y a ella eso le falta.
Fausto Arimany del partido Valor tampoco parece cobrar vuelo todavía y a menos que súbitamente sea reconocible para la mayoría de votantes eso no ocurrirá. Luego, su discurso no es tan novedoso -promete copiarle a Nayib Bukele sus fórmulas- pero otros de sus contendientes repiten tan creativa promesa.
Hay quien piensa que Rodrigo Arenas, a la cabeza del esfuerzo de información, opinión e imagen del gran capital, va rumbo a convertirse en el candidato. La expectativa es que Estados Unidos coordine con el ministerio de Gobernación y con el Ministerio Público una gran batida que incluya a algún diputado, algún magistrado y algún juez, luego de haber extraditado ya a varios alcaldes, por razones de narcotráfico. Y entonces Arenas se presentaría como el San Jorge que ha librado en solitario la batalla de la virtud contra el dragón de la droga y Donald Trump lo ungiría por una módica suma gracias al cabildeo.
Pero hace falta que los votantes se entusiasmen. Y eso, en Guatemala, con la notable excepción de Bernardo Arévalo, no suele ocurrir con una sola campaña.
Se conoce bien en cambio a quienes aspiran a llegar al Palacio Nacional con un discurso anti elite. Roberto Arzú es el más conocido de ellos. Y también es el más vulnerable y por eso en estos días le hincan los dientes. El esfuerzo por excluirlo de la contienda ya se echa de ver. La confrontación con Arenas podría estar diseñada para elevar a uno a costa del otro.
Lionel Toriello tiene el discurso más sólido contra la oligarquía como principal beneficiaria de la democracia de fachada que vive el país. A él se antoja más difícil excluirlo. Pero en Guatemala se ha visto muertos hacer excursión al basurero.
De manera que esos dos pre candidatos no van a ser los ungidos del gran capital sino serán combatidos por éste.
En cambio, sí podrían serlo, aunque no sean estrictamente suyos ni se hayan cultivado en sus campos, Carlos Pineda, Sandra Torres y Neto Bran. Los tres tienen posibilidades de pasar a segunda vuelta. Y los tres se muestran amistosos o no beligerantes contra la elite. Sandra ha dejado atrás su fogosidad pro pobres de otros tiempos. Tampoco propone un proyecto político que los confronte o les afecte en sus intereses. Y Carlos Pineda y sobre todo Neto, tienen capacidad de acomodar su discurso para no confrontar a los grandes capitales del país. Además, uno ya se sabe esa tonada, en cuanto lleguen al poder en caso de lograrlo alcanzarían un feliz acuerdo con los dueños del país para no afectarse mutuamente e incluso para rascarse uno al otro la espalda. Lo único que podría afectarle severamente a Carlos Pineda para contar con la bendición del gran capital es que Washington diga contra él una sola palabra. Ahí sí, ya no sería digno de entrar en la casa de los señorones.
Otros pre candidatos como Armando Castillo y Nery Ramos tampoco confrontan al gran capital. Quizá no lo adulen, pero no pelean con él.
Del antiguo Semilla no se tiene noticias de quién puedan ser su candidato. Anabella Giracca aún no le da el sí a Raíces, lo cual parece ser una negativa tácita, pero después del gobierno de Bernardo Arévalo no hay razones para que el poder económico tema gran cosa de un gobierno de esos rumbos. Se puede vivir con ellos.
Quizá el Congreso en la próxima legislatura pueda tener más votos que reclamen independencia con respecto al gran capital. Pero ni siquiera eso es razón para preocuparse.
¿Acaso los dueños del dinero en Guatemala no tienen a su favor al poder Judicial? Con la amistad de los jueces y los magistrados sobra y basta.
Ahí radica en realidad el poder. En ser el patrón de los tribunales. Eso también ha quedado demostrado en lo que va del actual periodo. Ya no es necesario, mucho menos indispensable, tejer gran amistad con quien manda en la Casa Presidencial. A él lo mantienen a raya quienes dominan en las Cortes. Pero sería bonito para los dueños del dinero volver a contar con el concurso a su favor de los tres poderes.
