El nombramiento de Gabriel García Luna rompe la racha de tres fiscales mujeres consecutivas pero sobre todo, debe romper con la percepción existente en los últimos ocho años respecto al Ministerio Público como una herramienta política para garantizar impunidad a quienes tienen poder político y económico y castigo a quienes investigan sus delitos. No me cuento entre quienes sostienen que esa misma percepción debe aplicarse a dos administraciones anteriores. La de Thelma Aldana y la de Claudia Paz y Paz. Hay una falsa equivalencia entre la gestión de Consuelo Porras y la de sus antecesoras, pero las diferencias de la calidad de sus acusaciones y la naturaleza de los casos procesados resultan tan abismal que ya es necio repetirlo.
Confianza, inspirar confianza, eso es lo que más urge del nuevo Fiscal General. Y eso se logra con profesionalismo y capacidad. Lo opuesto de lo que Consuelo Porras ha entregado.
Separar de inmediato de las posiciones de poder a los fiscales criminalizadores, crear una unidad que revise los casos de grave corrupción exonerados por acción o negligencia calculada de los pupilos de Consuelo Porras, inspirará confianza.
iniciar una investigación sobre el potencial amañamiento del sistema de distribución de casos en el Organismo Judicial, para que siempre caigan en manos de los jueces criminalizadores aquellos considerados de persecución política, también dará indicaciones de independencia.
Convocar a los mejores cuadros técnicos para hacerse cargo de diseñar una política de combate criminal y las grandes líneas del litigio penal estratégico, transmitirá certeza para todos.
Es previsible que el nuevo Fiscal reciba en cuanto asuma el puesto una avalancha de denuncias en contra de integrantes de la administración de Consuelo Porras. Además tendrá muchos requerimientos para que reinicie acciones contra sospechosos de grave corrupción beneficiados incluso con la devolución del peculio robado durante el periodo que ya termina. El nuevo Fiscal sólo podrá administrarlas y priorizarlas con una definición bien clara de los casos que resultan más abarcadores y trascendentes.
Por lo demás, el fiscal García Luna deberá además tomar medidas inmediatas para iniciar la reconstrucción de la carrera fiscal, de la especialización y mejora técnica de su personal y de la instauración de un régimen efectivo de competitividad y evaluación de rendimiento.
Nada de esto será suficientemente valorado por la sociedad, o siquiera percibido, si el Fiscal General no demuestra gran capacidad de comunicación, dinámica y proactiva, desde el Ministerio Público. El Fiscal necesitará comunicar con diligencia y constancia. Lejos de ser discreto o alejarse de las cámaras por su aparente timidez, el Fiscal deberá concebir un esfuerzo de comunicación que informe e inspire a los ciudadanos. No tiene que decirlo él todo. Pero la institución deberá informar ampliamente y de manera permanente.
Mucha fuerza y sobre todo, mucho profesionalismo y capacidad de trabajo debe deseársele al nuevo Fiscal.
