“Está flaca la caballada”, dijo alguna vez Alfonso Portillo en referencia a quienes aspiraban a sucederlo en el poder. Hoy se le ven mucho más las costillas a los pre candidatos, a los aspirantes. No se encuentra novedad, no hay una propuesta articulada, medianamente ingeniosa. Todas son ocurrencias, que no ideas concatenadas, en boca de los mismos que se reordenan en diferentes partidos para ofrecernos otra taza del mismo caldo.
¿Ha notado cómo los mismos diputados transitan de un partido a otro -ahora huyen de Vamos, sin Miguel Martínez y con Alan Rodríguez, sin suficiente financiamiento extraído de fondos públicos como en aquellos dorados tiempos para intentar repetir por medio de Cabal de Luis Aguirre o la UNE de la benemérita Sandra Torres. Zury Ríos, por hablar de un rostro inmutable en la escena política de las últimas cuatro décadas, recluta a Adin Maldonado que ya hizo lo suyo con Jimmy Morales y luego volvió con Sandra y se fue ofuscado de su partido.
¿Puede usted creer que Manuel Conde aún mueve influencias en el Congreso para perseguir financiamiento público hacia proyectos cooperativos de su clientela electoral? Este es un país impenitente.
Los políticos en su inmensa mayoría representan más de lo mismo. Y ellos lo saben. Por eso querrán deshacerse para 2027 de lo que huela a novedad. A Carlos Pineda ya no le temen ni lo rechazan porque se ha mimetizado con el ambiente partidario nacional. En cambio, detestan la posibilidad de competir con un partido como Raíces y un liderazgo como el de Samuel Pérez. Es la UNE la primera que ha saltado a pedir una auditoría de su proceso de recolección de firmas y afiliados porque no quiere volver a toparse con una sorpresa semejante a la que tuvo en la primera vuelta de 2023.
Sin embargo, no es a la UNE a la que amenaza principalmente Raíces (excepto en el área metropolitana de Quezaltenango) sino al partido Unionista y al partido Creo, dos organizaciones hasta hoy netamente capitalinas. Raíces, por mucho que el gobierno de Bernardo Arévalo genere tanta decepción entre quienes esperaban un cambio real y sobre todo eficacia en la administración, atraerá sin duda a una parte del electorado urbano que demanda romper con el sistema de corrupción favorecido por los partidos tradicionales. Samuel Pérez es el candidato a vencer en las elecciones por la alcaldía capitalina. Eso lo entienden los políticos convencionales. Y preferirán no permitirlo. Puesto que ya no contarán con la ayuda del Ministerio Público para impedirle a sus adversarios más temidos participar, procurarán frenarlo primero por la vía adminstrativa.
Los magistrados del nuevo Tribunal Supremo Electoral aseguran estar comprometidos con el principio democrático de la participación de todas las corrientes de pensamiento, pero no hay que olvidar que los magistrados responden en buena medida a los partidos cuyos diputados los eligieron. La auditoría encargada respecto a las organizaciones que buscan convertirse en partidos políticos no surge de la nada, sino del rechazo de los partidos convencionales al exitoso proceso de afiliación de Raíces. Sólo puede esperarse una carrera de obstáculos hasta que el partido sea legalmente autorizado. Incluso, cuando Consuelo Porras ya es cohete quemado.
