¿Cuándo fue la última vez que pensamos qué pasaría con nuestra familia si mañana ya no estuviéramos? Es una pregunta incómoda, y precisamente por eso casi nunca nos la hacemos. Sin embargo, de la respuesta depende buena parte de la tranquilidad de quienes más queremos.
¿Cuándo es el mejor momento para contratar un seguro de vida? Hay tres señales claras. La primera, cuando todavía gozamos de buena salud. El seguro se contrata con base en nuestra condición actual: mientras más jóvenes y sanos estemos, más fácil es que nos acepten y más baja será la prima. Esperar a “necesitarlo” suele significar pagar más, o que simplemente ya no nos quieran asegurar. La segunda, cuando hay personas que dependen económicamente de nosotros: hijos, cónyuge, padres. La tercera, cuando tenemos una carga financiera alta, como un préstamo hipotecario, un crédito de vehículo o una deuda del negocio.
¿Y cómo lo contratamos? Antes de pensar en aseguradoras o precios, conviene preguntarnos qué queremos proteger. ¿Los ingresos con los que vive la familia? ¿Las deudas que dejaríamos? ¿La educación de nuestros hijos? Una vez claro el propósito, definimos la cobertura y comparamos las opciones disponibles según nuestro presupuesto y nuestras necesidades. En ese orden, no al revés.
Si es tan importante, ¿por qué es el seguro menos contratado? Considero que hay tres razones principales.
- No nos gusta pensar en la muerte; preferimos asumir que “eso no nos va a pasar”.
- Solemos priorizar necesidades financieras más inmediatas: la colegiatura, el carro, las vacaciones, postergando la contratación del seguro constantemente.
- Y finalmente, existe desconocimiento sobre cómo funciona y sus bondades. Muchas personas lo perciben como un gasto; sin embargo, el verdadero costo es dejar desprotegida económicamente a nuestra familia.
¿Quiénes deberían contratarlo? No es para todos por igual, pero sí para más personas de las que imaginamos. Estas son algunas situaciones en las que conviene darle alta prioridad:
- Quienes tienen personas que dependen de sus ingresos.
- Quienes tienen deudas importantes.
- Quienes desean planificar la distribución de su patrimonio.
- Familias con hijos de matrimonios anteriores, donde un seguro puede facilitar dejarles una herencia sin tener que destinar activos que la familia actual considera propios.
- Quienes tienen dependientes que necesitarán apoyo económico durante muchos años, como padres mayores o un hijo con necesidades especiales.
¿Por cuánto debemos asegurarnos? Aquí es donde más dudas surgen, y no existe una sola respuesta. Comparto algunas formas de pensarlo.
- La más completa es asegurarnos por 20 veces nuestro ingreso anual. ¿Por qué 20? Porque un capital de ese tamaño, invertido a un 5% anual, generaría aproximadamente el mismo ingreso al que la familia está acostumbrada. Por ejemplo, si ganamos $30,000 al año, una suma asegurada de $600,000 invertida al 5% produciría esos mismos $30,000 cada año, sin tocar el capital.
- Una alternativa más modesta es asegurarnos por 3 veces el ingreso anual. No reemplaza el ingreso para siempre, pero le da a la familia tiempo para reestructurarse, tomar decisiones sin prisa y adaptarse a la nueva realidad.
- Otra opción es asegurarnos por el total de nuestras deudas actuales, para dejar la mesa limpia. Que nuestra familia no herede, junto con el dolor, una cuota mensual que no puede pagar.
- Y finalmente, simplemente dejar algo. ¿Cuántos de nosotros hemos recibido una herencia? Probablemente pocos. Un seguro de vida es una de las formas más sencillas de dejar un patrimonio a hijos o nietos. Existen seguros desde $25,000 a precios muy accesibles, por lo que el presupuesto rara vez es excusa para no tener nada.
Sea cual sea el enfoque, lo ideal es calcular las necesidades económicas de nuestra familia, las deudas pendientes y objetivos como la educación de los hijos, y luego restar los ahorros y recursos con los que ya contamos. Lo importante es que la suma asegurada responda a una necesidad real, no solamente a lo que podemos pagar de prima.
¿Qué ofrece el mercado guatemalteco? Hay más variedad de la que muchos creen:
- Seguros de vida con ahorro, que combinan la protección con la acumulación de un fondo.
- Seguros de vida a término: cubren por un plazo fijo y una cantidad fija. Suelen ser los más económicos.
- Seguros a término con devolución de lo pagado: si la cobertura no se utiliza, al final del plazo se recupera el total de lo pagado.
- Seguros con pago gestionado del beneficio: en lugar de entregar, por ejemplo, $100,000 de un solo golpe, se paga una renta mensual o anual durante un período definido. Esto puede ser muy útil cuando nos preocupa que los beneficiarios no estén preparados para administrar una suma grande.
¿Y los seguros colectivos? Cada vez es más común tener el seguro de vida a través del trabajo, y tiene sentido: algunas empresas lo dan como beneficio laboral o como un plan contributivo de bajo costo, lo que facilita mucho la contratación. Hay esquemas interesantes; uno que en lo personal me gusta entrega a los beneficiarios cinco mensualidades al momento del fallecimiento y, posteriormente, un ingreso mensual durante dos años.
Pero el seguro colectivo tiene dos inconvenientes importantes.
- El primero, la cobertura puede no ser suficiente para lo que la familia realmente necesitaría.
- El segundo, cuando la persona cambia de empleo se queda sin seguro, y quizá en un momento en que su salud ya no le permite contratar uno individual en buenas condiciones.
Por eso, el colectivo es un buen complemento, pero difícilmente debería ser nuestra única protección.
El seguro de vida no reemplaza a una persona, pero puede evitar que su ausencia se convierta también en una crisis financiera para quienes más quiere. Por eso, más que preguntarnos cuánto cuesta asegurarnos, deberíamos preguntarnos cuánto le costaría a nuestra familia que no lo hiciéramos.
¿Hay alguien que dependa de mis ingresos?
Si faltara mañana, ¿mis deudas quedarían a cargo de mi familia?
¿Mi seguro actual, si lo tengo, depende de mi empleo?
¿Sé cuánto necesitaría realmente mi familia?
Es mejor tener un seguro y no necesitarlo, que necesitarlo y no tenerlo.
Este artículo se publicó originalmente en cesartanchez.com.
¿Quieres cotizar tu seguro de vida? Escríbele a Cesar por WhatsApp al 5995-4444 o visita su sitio.


