La ministra de Educación Pública es la candidata natural a la Presidencia por el partido en formación Raíces, pero aún no se decide a participar. Así como Patricia Orantes, que al retornar al Congreso se integró de inmediato al grupo parlamentario liderado por Samuel Pérez y no al de José Carlos Sanabria, el diputado que encabeza el grupo leal al presidente Bernardo Arévalo, Giracca se identifica con Raíces. Giracca fue fundadora de Semilla. Su liderazgo interno es inobjetable y su labor como ministra, igual que en el caso de Orantes, es visto dentro de las filas de Raíces y el antiguo Semilla como una muestra de coherencia en los objetivos políticos que dieron vida a la organización. Su mayor logro, no suficientemente valorado, ha sido recuperar para el Estado la rectoría real de la Educación Pública (y privada) y para eso hubo de derrotar a Joviel Acevedo y mucho más.
Académica de la Universidad Landívar, especialista en educación inter cultural, Giracca es la mejor carta de Raíces.
El grupo del diputado Sanabria también mira hacia las elecciones. Después de entender que la decisión de la dictadura judicial era definitiva respecto a la cancelación del partido Semilla, intentó integrarse a la Unidad Nacional Revolucionaria Guatemalteca (URNG). Pero, al no obtener las posiciones ambicionadas en los listados de candidatos, el acuerdo con ese partido fracasó. De modo que los seguidores de Bernardo Arévalo y Abelardo Pinto, ministro de Desarrollo Social, correrán muy probablemente con el partido Dignidad de Rafael Arreaga Martínez.
Raíces en cambio buscará, como lo hizo Semilla en 2023, su opción propia. El partido le ha pedido a Giracca que defina si aceptará la candidatura cuanto antes. Ellos realizarán su primera asamblea nacional en octubre pero no será sino hasta diciembre en que nominen candidato. La ministra sin embargo está obligada a renunciar a su cartera en diciembre próximo, seis meses antes de las elecciones generales, si se decide a correr. Si Giracca no acepta la candidatura, Raíces necesitará buscar a otro candidato. La verdad sin embargo es que aparte del de la ministra de Educación, no hay otro nombre mencionado para ser nominado. Excepto el del diputado Román Castellanos quien, pese a no tener un perfil presidencial, sería una especie de candidato de sacrificio como en su momento se creyó que lo sería Bernardo Arévalo. Castellanos, oriundo de Alta Verapaz y uno de los escasos políticos nacionales bilingüe en dos idiomas guatemaltecos, es el único del grupo gestor de Raíces que supera la varda constitucional de los 40 años.
La pregunta es si, a diferencia de otro candidato, Anabella Giracca tendría opciones reales de ser elegida o también sería una especie de candidata de sacrificio. Giracca es la figura del gobierno con mayor reconocimiento público después de Bernardo Arévalo. Y su rendimiento al frente del Ministerio de Educación sugiere que sería la mejor carta de un gobierno que se antoja deslucido y no llenó las expectativas con las cuales fue electo. ¿Podrá el candidato de Raíces persuadir a la ciudadanía que, a diferencia de la administración de Bernardo Arévalo, él o ella sí estaría dispuesto a luchar contra el sistema de impunidad para la corrupción que los ha intimidado incluso en el poder? ¿Podrá persuadir a un grupo significativo de votantes de ser capaz de ejecutar obra y llevar alivio a problemas nacionales a diferencia del gobierno de Arévalo que pasó de puntillas por la mayoría de asuntos graves de Guatemala?
Ser candidato oficialista supone cargar con la responsabilidad de dar la cara por el ejercicio de poder.
Y eso muchas veces es más amargo que el tallo de una pacaya sazona.
Le sucede invariablemente a todos los candidatos oficiales.
No por gusto Alvaro Arzú decía de Oscar Berger en medio de la campaña de 1999, “Oscar quiere ser Presidente. Lo que no le gusta es ser candidato”.
