Locales vacíos, máquinas antiguas o cierres definitivos. En colonias de la capital y Mixco, los gimnasios de barrio sobreviven como pueden frente al modelo de volumen, autoservicio y precios bajos de SmartFit. Mientras unos usuarios valoran la tecnología y las sedes ilimitadas, otros regresan por el trato personalizado. En esta historia, la competencia no es solo comercial: es una lucha por permanecer abiertos.

