El Sistema Penitenciario ha puesto en marcha un plan piloto para apresurar la salida de unos 700 privados de libertad en cumplimiento de condena e inscritos en el régimen progresivo o etapa de libertad. Se trata de aquellos que han decidido estudiar o trabajar para sumar días de libertad a su condena a cambio de actividades productivas, un mecanismo para reducir sentencias a cárcel, contemplada en la Ley Penitenciaria.

Los primeros 28 son convictos de crímenes como violación y asesinatos con condenas de dos décadas, varios de ellos han cumplido la mitad.

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Luis Rodolfo Escobar, director de presidios, aclara que no se trata de labores forzadas, incluso prefiere no llamarle trabajo:

Toda la gente debe participar del programa pero deben estar inscritos en el régimen progresivo que tiene que estar autorizado por el juez, si no me voy preso yo con ellos. Esto es una prueba piloto y son actividades voluntarias -no se llama trabajo- a mí me molestan los comentarios de que estaban trabajando para comer, pese a que la población eso es lo que quiere, yo no voy a violentar sus derechos humanos.

El director dice que hay entusiasmo en los reclusos y lo que se necesita es que los jueces emitan las autorizaciones, de pronto Cantel, ubicada en Quetzaltenango, será la otra cárcel a donde se llevará el programa:

Tenemos más de 700 personas inscritas en el régimen progresivo y definitivamente nos vamos a extender a todos los penales, la próxima cárcel es Cantel y me tengo que poner de acuerdo con la municipalidad para ver qué trabajos necesitan: bacheo, electricidad.

Para evitar fugas o amotinamientos durante estas salidas, han seleccionado los perfiles explica Escobar.

 

 

Eddy Morales, exdirector de presidios, si bien un día de trabajo o estudio significan dos días de libertad para el privado, dice que la medida parece populista:

Para decir que se está haciendo algo por el sistema penitenciario cuando los problemas son estructurales y, como el actual gobierno está desgastado, necesitan recuperar la credibilidad y levantar la imagen ante la opinión pública y eso se convierte en populistas.

El director de presidios sobre el origen de esta medida:

Es una promesa de campaña del Presidente que dijo que no quería ver a nadie en tiempo de ocio, claro que no los podemos forzar, solo hacer conciencia.

Jair Bolsonaro, presidente de Brasil, y Nayib Bukele, mandatario de El Salvador, han implementado estas medidas que ponto son apoyadas por unos sectores de la sociedad, pero también cuestionados por otros que apuntan a soluciones más esenciales para la población carcelaria.

En septiembre de año pasado Bukele sacó de las cárceles a 700 reclusos para que remodelaran las sedes de la policía. Los trabajos se detuvieron por la pandemia del Covid-19, pero ya se han retomado.

Miriam López, familiar de un privado de libertad que cumple condena en Pavón, cree que la medida es buena pero arriesgada:

Se puede tomar desde dos puntos: está bien, pero puede ser peligrosa porque puede haber fuga o el crimen organizado puede ir a rescatar a algún reo y pueden poner en riesgo a los demás compañeros.

Las cárceles guatemaltecas albergan a 26 mil 271 presidiarios: condenados son 14 mil; sin condena, 12 mil 271.