El gobierno de Guatemala, pese a que había prohibido el ingreso de miles de ciudadanos hondureños que forman parte de la “caravana del migrante”, tuvo que abrir las puertas de las fronteras y dejar que los peregrinos entraran al territorio nacional de forma irregular, ya que no realizaron el procedimiento migratorio correspondiente para permanecer en el país:

“Tuvieron que abrir el paso porque se estaban desmayando niños y mujeres embarazadas”.  

 Urbelina Orellana  de 26 años y con tres hijos de 9, 5 y 3 años, decidió dejar San Pedro Sula, su lugar de origen y unirse a esta marcha cuyo objetivo es llegar a México y que los hondureños puedan radicar allí.

 “Tenemos mucha pobreza en nuestro país, hay mucha delincuencia, no tenemos empleo, tenemos hijos, somos comerciantes y lo que ganamos no nos alcanza para pagar un cuarto, la canasta básica está muy cara”.

Elmer Reyes Martínez, es un agricultor hondureño desempleado desde hace un año, eso, asegura, lo forzó a dejar su país. Viajan prácticamente con lo puesto, algunos llevan unas lempiras con lo que sobrevivirán una semana, otros ni un solo centavo:

Vamos a ir luchando como podamos porque en nuestro país ya no se puede. La gente en Guatemala  nos ha ayudado.

Los integrantes de la Caravana dicen que su conteo es de unos 10 mil migrantes hondureños. El Instituto de Migración no respondió a la solicitud de entrevista, para conocer las cifras de personas que han cruzado las fronteras;  la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) estima que han ingresado al país entre 3 y 5 mil personas.

Eduardo Wolke, Defensor de los Migrantes de la PDH, dice que esta crisis humanitaria que viven los hondureños pone en aprietos a las autoridades guatemaltecas, quienes deberán garantizar su bienestar mientras permanezcan en el Guatemala:

En estas condiciones es obvio pensar que necesitan asistencia para alimentos, para servicios de salud y sanitarios, atender las enfermedades que ya traigan.

Los migrantes deberán recorrer al menos 2 mil kilómetros a pie hasta llegar a su destino en México; el trayecto podría durar entre 3 a 5 meses y su permanencia en Guatemala se puede prolongar, lo que supone un reto para las autoridades, asegura Wolke:

 “Es un problema grave porque tienen que encontrar la manera de sobrevivir durante ese tiempo, y es un reto para el Estado de Guatemala, porque es una obligación brindar los servicios básicos a todas la personas que se encuentran dentro del territorio guatemalteco”.

Marielos Rossell, del área de comunicación de Cruz Roja Guatemalteca informó que la salud de los hondureños ha ido en detrimento, la institución ha atendido algunos casos:

Se ha brindado atención prehospitalaria a más de 392 personas, dentro de las asistencias comunes: hipertensión, deshidratación, fiebre, infecciones gastrointestinales, dolores musculares y heridas en pies.

En un comunicado el gobierno de Guatemala había anunciado que no se permitiría el ingreso de movimientos o personas con fines ilícitos que alteren el orden y la seguridad nacional y que vulneren la protección de la niñez y adolescencia, sin embargo a la hora de la masiva llegada de los hondureños a la frontera Agua Caliente, Chiquimula, las oficinas de migración fueron cerradas y los migrantes pasaron sin registrar su ingreso al país. Sobre este tema las autoridades guardan silencio.