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La política migratoria “tolerancia cero” del presidente estadounidense Donald Trump, ha separado ya a familias guatemaltecas que intentan ingresar a los Estados Unidos de forma ilegal. Es el caso de los Albizurez, originarios de la aldea Las Nueces, San Rafael Las Flores, Santa Rosa.

Hace dos meses Carlos Alvizures, quien en enero de este año perdió su trabajo con el cierre de operaciones de la Mina San Rafael, decidió viajar indocumentado a Estados Unidos. Su travesía no habría de hacerla solo. Junto a él viajó Ervin Otoniel su hijo de 10 años.

Los Alvizures iban guiados por un “coyote”, el primero en desaparecer cuando fueron interceptados por la policía de inmigración de los Estados Unidos en la frontera de Texas. Ese día fue la última vez que padre e hijo se vieron, el niño fue enviado a una institución y su papá llevado a un centro de detención para inmigrantes, sin saber nada uno del otro.

Mariela de Alvizures, se encontraba en la comunidad Las Nueces al sur-oriente de Guatemala, cuando sonó el teléfono. Era una llamada del extranjero, ella creyó que eran buenas noticias, pero todo lo contrario:

“El niño me llamó y me informó que había sido separado de su papá, que lo habían llevado a un lugar seguro y que a mi esposo lo había agarrado migración. El niño fue el que me llamó rápido, ahora de él –su esposo- no sabía nada”

 

Su esposo finalmente fue deportado hacía Guatemala. Ha pasado más de un mes y la familia vive en incertidumbre sobre el futuro del pequeño Ervin Otoniel:

“La trabajadora social me ha estado preguntando cómo le vamos a hacer, si lo vamos a mandar con un familiar”

El gobierno a través del vocero presidencial Heinz Heimann dijo que Guatemala es respetuoso de la política migratoria estadounidense y que no hará ninguna solicitud a EE.UU. respecto a la separación de padres e hijos menores en ese país.

Juan Luis Carvajal, Coordinador Nacional de la Pastoral de Movilidad Humana, lamenta la política estadounidense, pero también la debilidad del Estado de Guatemala para defender a los niños migrantes y sus familias.

Tiene que ser muy relevante el papel de los consulados, pero se han limitado a ser testigos de que los niños son de este país para proceder después a la deportación. Pero que se vea al Estado con una posición clara para defender a los niños no, es una actitud silenciosa y hasta cómplice.

El desapego abrupto puede causar fracturas emocionales en los niños y padres asegura la experta en comportamiento humano Flor Palencia; ese aspecto se convierte en otro daño colateral de la política migratoria de Trump.

Esto genera una cantidad de traumas casi irreversibles que llevan tiempo de terapia para volver a restablecer la seguridad y la confianza que son dos elementos básicos en la vida de cualquier ser humano.

El Departamento de Seguridad Interna de los Estados Unidos reportó al Senado que a la fecha se han separado en la frontera con México a 2 mil 342 niños de sus padres.