Hay contradicciones en la Organización Mundial de Salud (OMS) sobre el confinamiento que los gobiernos implementaron para evitar la propagación del Covid-19. El lunes, David Nabarro, responsable de la organización en Europa, dijo que “este tipo de medidas ya no sirven y que solo hacen a la gente más pobre”

Pero ayer la OMS matizó esas palabras y apuntó a que “el regreso a los confinamientos debe ser el último recurso en la lucha contra la pandemia”.

En Guatemala los efectos son visibles: personas que siete meses después de las restricciones, aún están en la calle con banderas blancas esperando que alguien les entregue alimentos. Deudas en los servicios de energía, agua, teléfono y renta.

En el comercio hay otras consecuencias del Covid-19:  negocios que no resistieron y murieron como víctimas colaterales.

Los fantasmas del confinamiento son visibles en los pasillos de los Centros Comerciales: se cuentan incluso en fila de dos incluso tres locales vacíos que tratan de ocultar, tras una manta o empapelados, la sombra de la quiebra.

 

 

Hay restaurantes que también desaparecieron, pese a que el servicio a domicilio incrementó, este no logró cubrir la los costos de operación.

José Fernández, secretario de la Junta Directiva de la Asociación de Franquicias:

“Las compañías están reportando entre 2 y 5% de cierres definitivo del total de sus locales y esto se traduce en ser más eficiente en cuanto a sus ubicaciones. Se están concentrando y solamente tener enfoque en las unidades que les permiten estar en números negros”.

Este empresario comenta que hubo negocios que cerraron en centros comerciales de gran formato y entre otras cosas cuenta las razones:

  1. En algunos casos no se logró negociación en términos de renta
  2. No había forma de sostener más tiempo la operación, porque la renta solo es un parte de los gastos, también está el personal, etc. Simplemente ya no era sostenible.

En mayo, por ejemplo, ConCriterio reportó que al menos 30 locales en Cayalá debían ser desocupados porque no lograron que los propietarios bajaran el costo de la renta.

Paola Arce, gerente de portafolio de Spectrum, que tiene a su cargo 4 centros comerciales como, Oakland mall y Miraflores, a través de una nota de voz comentó:

Parte de la estrategia fue que el tiempo que estuvimos cerrados no se cobró renta, para que cuando abriéramos tuvieran el capital para que pudieran seguir pagando las planillas de quienes trabajan con ellos. Según la portavoz, las planillas en estos centros comerciales asciende a 5 mil 200 personas y los días de cierre fueron 130.

Magnolia Escobar, gerente general del Centro Comercial Los Próceres respondió  que el 3% de sus locales están vacíos como consecuencia de la pandemia.

Otros negocios en tanto en tanto cambiaron su formato cree Fernández, de la asociación de Franquicias: se mantuvieron en plazas de conveniencia para reducir costos:

“Hablamos probablemente de un 30% menos de costo por metro cuadrado entre un centro comercial de gran formato, aunque son configuraciones diferentes; lo grandes apuestan el tráfico altísimo de personas y por lo tanto el costo por metro cuadrado es oneroso”.

Los sectores productivos abogan en el mundo una “economía nunca más cerrada” y Claudia García, analista económica independiente, comparte:

Yo creo que hay ciertas medidas que sean estrictas, pero no afectar a la economía. Los centros comerciales pueden quedarse abiertos, pero se debe tener supervisión de que no puede entrar cierto número de personas. Uno va al centro comercial y se siente calor terrible, porque hay mucha gente, se relajan las medidas y se les olvida a quienes cierran la economía de velar por que se cumpla”

El 30 de septiembre el gobierno de Guatemala descartó, de momento, otro Estado de Calamidad, el cual permitía las restricciones a la movilidad y el comercio.