El 18 de Julio era perfecto: era el aniversario de noviazgo y en 2020 caía en sábado. Ana Lucía Brolo y Jorge Alonso decidieron el día de su boda hace 6 meses, pero la pandemia desarmó todos sus planes. 

No es simple suspender una boda: aparte del apego a la fecha, está toda la logística, cuenta el novio:

“Decisión fácil no fue, fue dificilísimo. El hecho de poder casaramos el día que nos hicimos novios y que este año casualmente cayera sábado y que todo pudiera haberse alineado de esa manera, era algo que yo no quería perder.”

Las congregaciones quedaron prohibidas. Y con la restricción empezaron a caer los eventos. Anita Beteta, presidenta de la gremial de bodas y lunas de miel de Guatemala, estima que cada fin de semana se celebran entre 30 y 35 bodas en Antigua Guatemala y sus alrededores. Son uno s 1 mil 820 casamientos al año, solo en la ciudad colonial. 

Pamela Morales, especializada en estas reuniones, está detrás de la organización de al menos 35 uniones cada año: ella hoy ya suspendió 11. Igual se encuentra Gladys Santizo, programa unos 40 matrimonios al año y ya pospuso 14. 

Hay un efecto dominó en cada boda suspendida: caen los negocios pactados en torno a estas fiestas. A la pastelería Awake & Bake, por ejemplo, le han suspendido 24 pedidos en las últimas 4 semanas y al fotógrafo de bodas, Aldo Comparini, le han cesado 5 contratos de los 25 que agendó para el año. 

Con tanta planificación, lo normal era que los novios no quisieran reprogramar. Esa fue la reacción del novio: 

“Cuando se da el primer caso, no cancelamos la boda.  Decimos, faltan 120 días, en 120 días esperemos que ya todo regrese a la normalidad.”

Pero a medida que los contagios aumenta n en el país, la pareja Brolo-Alonso, con mucha tristeza, cayó en la cuenta que su boda no sería como la soñaron.

“Hasta pensé en mejor cancelar la fiesta, que tal vez solo fuera lo religioso y   una cena o un almuerzo. ”

No todos deciden aplazar la celebración. Rony Madrid, pastor de la Iglesia Vida Real, que llega a celebrar hasta 100 bodas al año, dice que considera casar parejas por videoconferencia:

“Pueden ser unas 7 a 10 bodas que se han postergado, a lo cual le cuento que estamos considerando hacer bodas por zoom. Nosotros creemos en el matrimonio y entonces estamos considerando esa posibilidad, para evitar que las personas simplemente se pongan a vivir juntos”.

Eso fue lo que hicieron Marcela del Cid y su novio, quienes llevaban 8 meses planificando su boda para el 28 de marzo. Solo 2 semanas antes un decreto presidencial prohibió las reuniones. No se vencieron a la primera: hablaron con su sacerdote e incluso con el Ministerio de Salud.

“Redactamos la carta con el abogado y nos fuimos al Ministerio de Salud y ahí nos dijeron que no, que no sé podía. Fue hasta el viernes antes de casarnos, el 3 de abril, que el párroco nos dijo “acabo de hablar con el obispo y nos autorizó que los case estando solo con sus papás”. Entonces así fue como nosotros decidimos planear toda la boda para el día siguiente que era el 5 y nos casamos sólo con nuestros papás y toda la familia siguiendo la boda por zoom. ” 

Estuvieron acompañados por 100 amigos por la vía digital. Junto con los tíos y primos quienes los esperaron a la salida de la iglesia desde sus carros.