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La entrada en vigor de un acuerdo centroamericano que abre las puertas de las fronteras de Guatemala para la entrada de semillas modificadas o transgénicas genera controversias para unos y complacencia para otros.

Se trata de un reglamento aprobado por el Ministerio de Economía y regulado por el Ministerio de Agricultura que permite la importación y producción de semillas transgénicas para el consumo y la venta. El acuerdo se crea en el marco del plan de integración centroamericana y unión aduanera.

Su aplicación, según el documento, es en el campo agropecuario, investigativo, experimentación, manejo, desarrollo, producción y comercialización.

Mejor producción

Eddy Mendoza, director ejecutivo de la Federación de Asociaciones Agrícolas de Guatemala, explica que las semillas transgénicas provocan variaciones en productos agrícolas para hacerlos más resistentes, incluso a los cambios climáticos:

Es una tecnología que ya lleva 25 años en el mercado, que tuvo mucho choque al principio porque no sabíamos de qué se trataba, pero creo que todos hemos comido en Guatemala vegetales genéticamente modificados. Todo aquel que hay ingerido Cornflakes o pan, esa son semillas que han sido modificadas, tomates que van a resistir más la vida en anaquel, tomates más dulces, resistentes a una sequía.

Mendoza considera que la regulación de estos productos, más que efectos negativos tendrá un impacto positivo para la industria agrícola del país:

Esto lo que nos traerá son altas productividades: en Guatemala tenemos una producción de 40 quintales de maíz por manzana, mientras que Honduras, que está utilizando esta tecnología, ellos están en 7.5 toneladas. Todo el maíz que viene importado contiene modificaciones, la harina de soya, la harina de trigo y todos estos productos están fabricados a través de este tipo de semillas.

Sombra Monsanto

En septiembre de 2014, el Congreso de la República con 117 votos derogó por presión social la llamada Ley Monsanto, que permitía el cultivo con semillas transgénicas.

Los grupos de oposición ven en la nueva norma de semillas modificadas la sombra de la normativa derogada y temen efectos negativos en la agricultura y salud.

Byron Garoz, investigador e integrante del Colectivos de Estudios Rurales IXIM, fijó postura:

Cuando decimos que atenta contra las semillas y la biodiversidad en Guatemala es porque estas se mezclan y contaminan los otros productos: por la polinización cruzada, el viento, las abejas, hormigas, el mismo ser humano. Y además porque hace dependientes a los productores de todo el paquete tecnológico que conllevan los transgénicos: herbicidas, fungicidas, abonos y el glifosato que se ha demostrado que produce cáncer y hay muchas demandas contra Monsanto que es la productora de este producto.

Álvaro Ramos, director de Fitozoogenética y recursos nativos del Maga, rechaza que la normativa sea comparada con la ley Monsanto y explica:

Con esto lo que se prevé es que el agricultor tenga acceso a materiales resistentes a las plagas y enfermedades. Este reglamento hace énfasis a la mejora genética con tecnologías modernas para evolucionar la planta, pero con la misma genética.

De acuerdo con Ramos, la biotecnología no afecta las semillas nativas y el reglamento establece que donde se deseen sembrar con productos genéticamente modificados, debe existir aprobación de la comunidad.

Este reglamento está vigente desde el pasado 1 de octubre, fue publicado en el Diario Oficial el 10 de mayo de 2019 bajo el acuerdo ministerial 281-2019.