El ciclo escolar 2020 está por concluir y los alumnos de establecimientos públicos prácticamente pasarán al siguiente grado como voltear una página. Es el sector más resentido con los efectos de la pandemia, aun así, hay un segmento que enfrentó mayores dificultades para que sus alumnos aprendieran desde casa: son los escolares que requieren de educación especial.

Wendy Lemus, una comunicadora de 39 años, es mamá de una niña de 13, quien padece sordera profunda y cursa el cuarto primaria en el Centro Educativo de Comunicación Total de Prociegos y Sordos de Guatemala.

Estos chicos, al igual que los demás, debieron encerrarse en casa y continuar desde el aislamiento su proceso educativo. Si bien la mayoría de padres debieron convertirse en maestros en casa, el desafío de esta mamá fue enorme: si bien ella se comunica con su hija en lenguaje de señas, se siente frustrada cuando no puede explicar todos los contenidos:

Hay ciertas señas que aún no las tiene marcadas. Nosotros nos hablamos a partir de las señas que llegamos a entender en la casa y algunas técnicas, pero a veces hay palabras que uno dice “¿cómo le hago entender qué es esto?”. En ese sentido, las maestras se han portado muy bien, por ejemplo: cosas en matemáticas, la metodología en señas es diferente, no es como un niño oyente”. 

El aislamiento implica un mayor retroceso dice esta mamá:

Por la convivencia y que las clases son más personalizadas: les dedican bastante tiempo, psicólogos, terapista de lenguaje, inglés, cakchiquel, danza y teatro.

 

Dulce María, tiene 13 años, padece sordera profunda. Foto: cortesía.

 

En este centro los docentes envían videos para explicar el contenido a sus estudiantes, eventualmente hacen clases por ZOOM o Whatsapp.

Edilzar Castro es el director de Educación del Benemérito Comité Prociegos y Sordos de Guatemala, a cargo de 9 centros educativos del país a donde asisten mil alumnos con discapacidad visual y auditiva desde la preprimaria hasta el diversificado.

Ahora, señala el director, son los papás quienes deben aplicar las terapias del lenguaje:

Trabajar fonemas, sílabas, pronunciamientos, las posiciones guturales: la r y la g son complicadas y requiere práctica.

Castro apunta a que, en estos casos, además de sufrir retrasos en el currículo también los hubo en aprender aspectos de la vida: como hablar nuevas palabras o aprender a moverse de manera independiente en el caso de los niños con ceguera.

Jennifer Alvizurez una maestra de 24 años y 6 de impartir clases en este centro ha sido testigo de la frustración de los familiares de niños que reciben educación especial y la principal barrera ha sido la comunicación:

La comunicación entre papás e hijos es limitada porque varias familias no conocen la lengua de señas y a distancia ha sido bien difícil.

La maestra dice que, si bien en casa hay comunicación es en señas, esta no es técnica y ahí deriva el conflicto para que los papás apoyen el alumno:

Se han dado casos en los que ya los papás se llegan a frustrar porque se encuentran con la barrera de la comunicación y lo que hacemos es apoyarlos con una videollamada y les explicamos a los chicos qué es lo que tienen que hacer y para hacerles decirles que tengan paciencia y “que ellos sean los maestros de sus papás para enseñarles las señas”

El director dice que el centro tiene una formación técnica que busca la independencia de la persona:

Aspectos de emprendimiento desde preprimaria, a ellos se les enseña que el trabajo es un elemento fundamental para tener la menor dependencia de sus papás y la sociedad. Y tenemos un programa que hace una relación con empresas para inclusión laboral. Se les consigue trabajo a unas 100 personas anuales con discapacidad visual y auditiva.

Algunas de las empresas que tiene política de inclusión laboral son: Fritolay, Pepsico, Walmart, Banco G&T, pero son varias y eso ayuda mucho. De nada nos sirve formarlos y que sean dependientes de sus papás.

Para estos chicos las relaciones internacionales son muy importantes para su desenvolvimiento resaltan los educadores.