De nada sirven las reformas si van teñidas con sangre, en nombre de Dios y de este sufrido pueblo, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios, ¡Cese la Represión!

Las últimas palabras que pronunció monseñor Óscar Romero aquel 24 de marzo de 1980 no pudieron detener la bala que un francotirador le acertó al corazón y que terminaron con su vida en la capilla del hospital Divina Providencia en la capital salvadoreña.

Monseñor Romero no calló ante las injusticias hacia los más pobres. Sus palabras lo convirtieron en un mártir.

Quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del Ejército, hermanos son de nuestro pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos.

El hermano marista Santiago Otero, un seguidor de Óscar Romero, se encontraba en Nicaragua cuando ocurrió el crimen.

Cuando escuchamos que había sido asesinado, fue golpe tremendo. Yo recuerdo aquella muerte como un sufrimiento real, un dolor profundo.

Monseñor Romero no es el único que ha muerto por la causa, la iglesia católica ha vivido el asesinato de otros líderes religiosos en América Latina. Entre ellos Monseñor Juan  Gerardi  a quien dieron muerte el 26 de abril de 1998 en la Casa Parroquial de la iglesia de San Sebastián en la zona 1 de la capital, después de presentar el informe de Recuperación de la Memoria Histórica.

 Empezando por el sur desde Argentina, monseñor Angedeli que fue asesinado durante la dictadura; Juan Gerardi en Guatemala; fueron quitados del medio por el mismo motivo de estar al servicio de los más humildes y después hablamos de sacerdotes de Argentina, Chile, Brasil hasta México, son muchos los asesinados.

Fernando Urquizú del Instituto de Investigaciones Históricas Arqueológicas y Antropológicas de la USAC dice la figura de monseñor Romero debe comprenderse como un proceso de actualización de la iglesia:

 Vemos un cambio del pensamiento de la iglesia en el cual deja de reproducir el sistema monárquico, para convertirse en mediadora de los distintos grupos sociales.

El historiador señala que la iglesia se convirtió como en una comisión esclarecedora de la verdad, que enfocó la luz hacia las violaciones a los derechos humanos.

“Que se identifica con las personas afectadas, con quiénes no tienen la capacidad financiera para buscar a sus familiares desaparecidos, y es ahí donde se convierte en  una figura contrario al estatus político ya establecido y que deriva en la razón de su martirio por su pensamiento y la ideología”.

Monseñor Romero pese a que hasta este fin de semana será beatificado, ya es un santo para los salvadoreños. Es visto por la comunidad católica como una luz para Latinoamérica y así es recordado por Otero.

Fue un sacerdote celoso de su misión, cercano a la gente, un hombre que acercaba el pueblo  a Dios.Fue la voz de los sin voz.

Baudilio García un taxista salvadoreño de 63 años, cuenta que Romero tenía una característica que según él no han podido llenar sus sucesores:

Recuerde que monseñor Romero se dedicaba al campesino, ayudaba a la gente, algunos lo han hecho pero no como él.

¡Les suplico, les ruego, les ordeno cese la represión!