Las morgues de los hospitales públicos rebasaron ya su capacidad por el creciente número de personas que mueren por Covid-19 y que alcanzó hasta el martes los 58. Hasta el martes se reportaron  1 mil 302 fallecidos por el virus.

Informes de Zulma Calderón, defensora de la Salud de la Oficina de los Derechos Humano, reflejan el drama en las áreas de fallecidos.

Uno de los reportes correspondiente al hospital de la zona 9 del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) dice:

  • Se improvisó un cuarto sin refrigeración para los cuerpos.
  • Solo cuenta con 4 técnicos que trabajan turnos de 24 por 72 hrs.
  • Solo se les da un traje a la semana y el mismo se lleva al servicio de desinfección.

La doctora Calderón dice que en las morgues también han debido improvisar y algunas ni siquiera eso:

“Servicios como el Hospital Regional de Zacapa, que si muere el paciente ahí lo amortajan y espera a la par de los vivos hasta que el familiar lo llega a reclamar. Ahí ni siquiera tienen morgues”.

Además, los informes de la PDH reportan que:

  • Si el cadáver no es recogido en 48 horas, se procede al enterramiento, y
  • Aunque no hay una estadística específica, se señala que muchos cuerpos de pacientes que murieron por Covid-19 han sido olvidados por familiares.

Luis Chávez, jefe del área de Patología del Hospital Roosevelt, conoce una de estas historias:

Tuvimos un caso que ya estaba identificado y la familia por cuestiones de economía decidieron no llevárselo;  por el funeral, entierro y se mandó al cementerio la Verbena.

Bolsas con visor de rostro

Los protocolos del Ministerio de Salud para los entierros establecen que “el cuerpo debe ir en una bolsa especial, colocarse en el ataúd y por seguridad de los familiares, no debe abrirse”.

La “bolsa especial” no era más que un nylon negro donde se envuelve al cadáver, pero colocarlos ahí significa mayor manipulación y para las familias incertidumbre de no saber quién va adentro. Ya no podían verlo para el último adiós, por lo que en el Roosevelt surgió una propuesta cuenta el doctor Chávez:

“Se pensó en una cámara de visualización porque como no se pueden destapar y no había posibilidad de reconocimiento de alguna manera. Ya con esto se permite a los familiares ver la cara y cuenta con termosello para evitar la salida de líquidos y fluidos y protege al personal”.

Iván Monzón, psicólogo, no pudo ver por última vez a su papá quien murió por Covid-19 el 25 de mayo, cuando aún las cifras de fallecidos no superaban los 10 por día. Para él, la implementación del visor de rostro en las bolsas es algo importante:

“Creo que permite aceptar la muerte y tener la seguridad de que la persona que están enterrando es el familiar. En nuestro caso no lo pudimos hacer, sabemos que pueden ocurrir anomalías y creo que también es un derecho de las familias”

En redes sociales han circulado varias denuncias: cuerpos intercambiados, ataúdes vacíos y el familiar que fue enterrado en un basurero. Solo esta última pudo comprobar ConCriterio. Los otros casos han sido negados por Salud.

En Guatecompras, el portal de negocios del Estado hay varios eventos de adquisición y adjudicación de bolsas para cadáveres: por ejemplo, el Hospital Regional de Quetzaltenango requirió 300 bolsas con zipper de entre 1.5 y 2 metros y gastó Q60 mil, cada bolsa tuvo un costo de Q200.

Mientras que el hospital Roosevelt que mandó a hacer el diseño con los visores de rostro, pagó Q150 por bolsa según el doctor Chávez. Este evento no fue localizado en Guatecompras. Anteriormente este centro asistencial hizo una compra de 580 bolsas de polietileno con valor de Q64 mil 945.

Otros hospitales como el Seguro Social zona 9 y Quetzaltenango, están también interesados en implementar las bolsas para cuerpos con visor facial.