Alba Loarca de 50 años, tenía 15 años cuando su familia se trasladó a vivir a los multifamiliares  colonia Nimajuyú en la zona 21, uno de los últimos proyectos de vivienda social que se construyeron en Guatemala. Era 1985 y a través de una publicación en prensa se enteraron de una propuesta habitacional que, según recuerda, no era aceptado por muchos:

Yo ya llevo 33 años de vivir ahí. En esos años la costumbre era vivir en casa y el proyecto de condominio no era muy aceptado porque las personas estaban acostumbradas a vivir en casas con todas sus comodidades y fue así como dieron facilidades”

En aquellos años la familia Loarca fue la numero 12 en llegar. El complejo consistía en 22 módulos, cada uno consta de 4 edificios de 4 niveles cada uno. Hoy viven allí unas 220 familias.

La señora  Loarca cree que esas viviendas fueron una opción para muchos después del terremoto de 1976; pero lamenta la desorganización de hoy.

 “Nosotros en Nimajuyú hemos sido invadidos por varios asentamientos y los servicios se han vuelto insuficientes, además que hay total desorden”

La vecina cree para evitar ese desorden se debió continuar en el área con proyectos similares.

“Como no en aquel tiempo, el Banvi o Foguavi hizo otros módulos y no dejó que la gente tomara esos terrenos de una manera desordenada entonces se debería de retomar la vivienda de ese tipo tomando ese diseño y darlo a plazos para que la gente viva de una manera ordenada”

El ordenamiento territorial debe estar a cargo de las municipalidades y se ha convertido en una necesidad fundamental pero también legal, explica Alejandro Maldonado, exsecretario ejecutivo de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (CONRED), quien señala que ahora son pocos los municipios que cuentan con planes de este tipo:

Eso implica conocer todas  las características del municipio y tener no solo los elementos de gestión de riesgo, amenazas, sino  la proyección de crecimiento del territorio para  estimar en qué área se va a permitir que tipo de actividades”.

Maldonado cree que hay rezago en el ordenamiento territorial del país y expone las razones:

La falta de información técnico científica y requiere capacidad técnica de las personas que van a desarrollar ese plan y muchas municipalidades no tienen los recursos para llevar a cabo esos planes.

Además dijo:

La topología de los municipios no permite muchas opciones, desafortunadamente ya  ha habido mucho crecimiento desordenado, lo que complica los planes de ordenamiento.

El plan de ordenamiento no es más que un proyecto que disminuye las amenazas y peligros para la construcción en áreas vulnerables, aspectos que también se incluyen en la norma de reducción de desastres.