El esposo de Paulina del Rosario Grande López es uno de los 8 presos que falleció por Covid-19, aunque ella solicitó que el nombre y delito de su marido no fueran revelados. Él se encontraba recluido en el Centro de Detención Preventiva para hombres de la zona 18 donde se confirmaron al menos 69 casos positivos.

Grande López se queja: 

“En muchas oportunidades tenía que ir yo a poner una exhibición personal para poderlo sacar de allí o de lo contrario lo llevaban al Hospitalito que carece de medicamentos y aparatos para poder atender a las personas.”

En febrero del 2019 se le ingresó de emergencia por taquicardia en el Hospital Roosevelt, y anteriormente había tenido que salir otras 3 veces por la misma razón, además de por hipertensión arterial y cardiopatía. Gerardo Villamar, defensor de los privados de libertad de la Procuraduría de los Derechos Humanos, denunció la precariedad del centro:

“El hospitalito del Centro Preventivo de la zona 18, al mes de febrero que la PDH llegó a hacer una verificación, de las 70 personas que estaban allí, 35 dormían en el suelo, incluyendo los 17 privados de libertad que tenían tuberculosis.”

La sobrepoblación carcelaria, el poco acceso al  agua, la falta de capacidad en equipo y personal (hay 16 médicos para atender las 22 cárceles y 26 mil prisioneros) y el riesgo de contagio de Covid-19 en los hospitales, ponen en mayor peligro a los reos durante la pandemia.

Carlos Morales, vocero del Sistema Penitenciario, explica:

“Tiene que ser muy, muy de emergencia para que el privado de libertad tenga la salida.”

Villamar asegura que la atención tardía es lo que complica la enfermedad: 

“Las atenciones que se están dando a los privados de libertad es cuando ya están muy malos. Salen muy graves.” 

Andrea Barrios, coordinadora del Colectivo Artesanas, considera que la responsabilidad es compartida:

“La persona privada de libertad se niega a estar enfermo muchas veces para no irse al hospital por todo lo que le implica: las incomodidades, las penas, el estigma, la discriminación. El personal penitenciario hace lo posible para que las personas no se queden internadas porque para ellos tampoco es cómodo, implica un alto riesgo de contagio. Por parte del Ministerio de Salud hay resistencia a tener a las personas privadas de libertad en las instalaciones de ellos por los antecedentes de violencia o fuga.”

Entre llantos, Paulina del Rosario Grande López re cuerda cómo supo que su esposo había fallecido:

“Como a las 6 y media me llaman y me dicen que se había puesto grave y que se lo habían llevado al hospitalito. Llamé al c entro preventivo como a las 8 y me dijeron que lo habían sacado para el Roosevelt. Me llaman a las 9 de la noche y me dicen que estaba grave; a las 9 y media me llaman para decirme que lo habían ingresado; a las 9 y 35 me llaman para decirme que había fallecido. Una persona que estaba cerca de la entrada de la emergencia me llamó y me dijo que mi esposo le decía al custodio que por favor llamara a un doctor porque él ya no podía respirar y que el doctor salió en dos ocasiones y le dijo que se esperara porque adentro estaba lleno. Yo ya no lo pude ver, solo vi una bolsa negra que tiraron en la ambulancia.”

El acta de defunción fija las causas: hipoxemia refractaria, poco oxígeno en la sangre, y covid-19. 

ConCriterio intentó verificar la hora, asistencia y condiciones en las que ingresó el preso, pero el Ministerio de Salud dijo no tener acceso a los datos por ser sensibles y al cierre de la nota el Sistema Penitenciario no proporcionó la información.