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En algunas regiones, el invierno fue deficitario: en especial en El Progreso, Jalapa, Jutiapa, Zacapa, parte del altiplano, en Chimaltenango y la parte sur de Huehuetenango y Quiché. Eddy Sánchez, director del Instituto Nacional de Sismología Vulcanología Meteorología e Hidrología  (Insivumeh),  mencionó esos departamentos entre los que sufren los embates de la escasez de lluvias.

Este año suman ya 180 mil hectáreas  y 292 mil familias afectadas por la sequía prolongada que afecta buena parte del país, según estadísticas del Ministerio de Agricultura Ganadería y Alimentación (MAGA).

Abel Yos, un pequeño agricultor de Sumpago, Chimaltenango: ahora no llovió, en las partes montañosas no se marchitaron los cultivos, pero donde no hay bosque no habrá cosecha.

El agricultor de 75 años se ha dedicado durante 30 años a los cultivos y aunque recuerda que este clima seco lo habían enfrentado otros años, dice que es imposible no sentir los efectos. Cuenta que un pequeño agricultor como él produce 40 quintales de maíz por cosecha, pero con la sequía la producción se reducirá a 15

 “Las áreas que no fueron afectadas podrán cosechar 40 quintales en 5 cuerdas de terreno, pero las que se verán afectadas producirán solo 15 quintales en sus 5 cuerdas, casi se pierden los 25 quintales porque se marchitó la planta y no dio producción”.

Los efectos climáticos también hacen sentir sus primeros efectos en San Mateo Ixtatán, Huhuetenango, uno de los departamentos más afectados por la desnutrición. Andrés Santizo, concejal de ese municipio: Muchos cultivos de milpa ya no crecieron en algunas partes por falta de lluvia. Entre 20 y 25 comunidades se afectaron por la seguía porque ya no crecieron los cultivos.

La primera opción de los pobladores de San Mateo Ixtatán la cuenta el concejal municipal: se van a trabajar a México o van  buscar a donde puedan porque no les queda nada, salen a buscar su vida en otro lado.

La variabilidad climática se suma como factor de migración, esto lo ha observado el Programa Mundial de Alimentos (PMA), así lo afirma su representante en Guatemala, Laura Melo:

Esta situación impacta en los medios de vida de las familia y algunos miembros incluso pueden optar por migrar. Hemos visto que el país también está sufriendo por bajos precios del café y ahora esto pone más vulnerables a las familias.

El Programa Mundial de Alimentos estima que es necesario fortalecer y promover  programas resilientes, que provean medios alternos de subsistencia ante los cambios climáticos como la avicultura y artesanías, para que las familias puedan generar ingresos, además Melo explica otras iniciativas que pueden replicarse y que ya se desarrollan por la organización internacional.

Trabajamos también en el fortalecimiento de capacidades locales para manejar la situación de sequía, a nivel doméstico, proporcionando la construcción de reservas de agua, hornos que ahorran energía y que tienen un beneficio ambiental también.

El déficit de lluvia estimado este año por el Insivumeh es de 20 por ciento, la amenaza de sequía no desaparece y el fenómeno podría afectar la primera parte del invierno del próximo año dijo Eddy Sánchez.

En 2017, 1.8 millones de personas se encontraban en situación de inseguridad alimentaria en Guatemala y la prevalencia era de 12.4 por ciento.