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Han pasado diez años desde que un niño nació en casa de lo Tobar, mucho tiempo desde entonces: botó los dientes de leche, quebró piñatas, cuatro grados aprobados en la primaria, Y otros cambios… los  Tobar decidieron llamarle Ella y han transformado el  nombre de pila de su hijo a uno femenino. Las pelotas y los superhéroes  nunca fueron lo suyo y desde pequeño, el entorno del chico trató de comprender lo que sucedía. A sus diez años empieza a vestir sus primeras prendas de mujer, el cabello ya crece como siempre quiso. Y sus padres dicen que se siente feliz. Aunque no todo ha sido fácil para esta familia:

Para una de madre es todo un proceso y  uno no dice de la noche a la a mañana “tengo un niño disconforme con su género,  me saqué la lotería”. No, estamos criados en un ambiente patriarcal que es difícil, a mí me ha llevado  3, 4 años procesarlo.

Ella es Anneliza Tobar, tiene 38 años, y su caso lo describe como disconformidad de género: su hijo siente que nació en un cuerpo equivocado, la madre quedó sorprendida cuando a los 5 años le dijo dos frases que marcaron su vida:

 “Me dijo que tal vez en el cielo se habían equivocado y que lo habían enviado en cuerpo distinto  y luego también que si el hada de los dientes, había un hada de los cuerpos, que pudiera volverlo niña”

La familia atravesó por momentos de confusión y negación, el dolor de su hijo no fue ajeno para ellos:

Fue ese momento tan particular cuando yo veo que su llanto es legítimo –porque me han dicho que soy una alcahueta o que estoy siguiendo una moda-. Ver ese dolor tan honesto, me hizo a mí tomar partida y decir: esta es una cuestión de identidad muy profunda en él y mi lealtad está con mi hija antes que con la sociedad.

Tobar buscó ayuda profesional, además leyó para entender que su hijo se encontraba en una condición sexual distinta y que debía ayudarlo.

 “La sexóloga nos ha explicado que toda la configuración de género no deviene de los genitales externos, hay una combinación completa  de aspectos biológicos y psicológicos que hay que tomar en cuenta, pero los conservadores todo lo quieren resumir a la genitalidad externa”

El proceso lo llevaron por etapas: los primeros años, la familia vivió fuera de Guatemala; el regreso fue duro para la pequeña, por el entorno conservador de familiares y amigos. En el camino han encontrado personas e instituciones como el colegio  que no han tenido prejuicios, han contribuido al bienestar de la chica, quien  enfrenta una nueva etapa:

 “Un día comprando ropa, me dijo que quería ropa femenina y fue un momento de epifanía, ver la expresión en su cara, estaba feliz, brincaba y son esas cosas que le dicen a uno que no es un berrinche, es natural”

Aunque también hay miedos:

A uno de madre se le parte el corazón, me da mucho miedo, porque esta sociedad no va a cambiar de la noche a la mañana.

Las organizaciones  de la comunidad de la diversidad sexual estiman que en Guatemala hay unas 15 mil personas transexuales, pero ese registro no contempla datos referidos a niños.