La semana pasada unas 3 mil personas mayores de 70 años fueron vacunadas en los centros de inmunización contra el Covid-19 en medio del caos. Aunque no existió una convocatoria oficial del ministerio de Salud, un remanente de dosis contempladas para la primera fase –la cual contemplaba vacunar al personal de salud– llevó a las autoridades a abrir de manera extraoficial la segunda fase con adultos mayores.

La voz se corrió y, según la ministra, los lugares dispuestos rebasaron su capacidad pues no están diseñados para la afluencia ni registro experimentados:

“La segunda fase va a iniciar el primero de abril independientemente de que estemos en Semana Santa, se va a abrir para personas mayores de 70 años.”

Las noticias dieron cuenta de ancianos que debieron madrugar y esperar extensas filas para ser atendidos. Y también hubo testimonios de aquellos que regresaron a sus residencias sin suerte. El desorden levantó un debate en redes sociales que cruza las fronteras digitales: ¿el sector privado debe participar en la campaña de vacunación contra el Covid-19?

Estuardo Matheu, presidente de la Gremial de Productos Farmacéuticos, considera que es un rol complementario, pues jamás podrá una empresa podrá ofrecer la vacuna gratis:

No es un tema de distribución, es un tema de disponibilidad. Como estamos en una pandemia, las empresas que fabrican las vacunas están saturadas despachándole a los países que la han ido comprando. Me imagino que, si al sector privado se le diera luz verde para que pudiera importar las vacunas, tendría ese mismo problema: podrían despacharle, pero dentro de 8 o 10 meses.”

El Ministerio de Salud anunció la compra de 16 millones de dosis de la vacuna Sputnik V por Q614.5 millones. Lucrecia Hernández, exministra de Salud y diputada de la bancada Semilla, apunta hacia el papel indispensable del Estado, pues no solo establece los criterios epidemiológicos para diseñar la campaña de inmunización, sino en las condiciones actuales es el único comprador viable:

 “En este momento, incluso, los mismos productores de vacunas están vendiéndole únicamente a gobiernos, porque para poder controlar una pandemia de esta magnitud, lo que se necesita es una articulación de gobiernos.”

La diputada comenta que aún es temprano para que el sector privado participe:

“Es mejor que el ministerio de Salud vacune las primeras 2 fases, personal de salud y personas de alto riesgo de mortalidad, y que los privados entren quizá en la 4ta fase, que es cuando se empiece a vacunar a la población general. El problema además es que como son tan pocas las vacunas que existen, en lo privado, podrían generar muchos engaños u ofrecimientos de falsas vacunas sobre los cuales el ministerio de Salud no tendría control.”

La semana pasada, Kenya, uno de los pocos países que permitía importación de vacunas privadas contra el Covid-19, ordenó su suspensión inmediata, justamente, por temor a inoculaciones falsas. En el país africano, el valor de la Sputnik V en las clínicas privadas rondaba en los USD$80.

La importación privada de vacunas se permite en India, Pakitán e Indonesia. Los precios por dosis, sin embargo, oscilan entre los USD$3 en India, donde el gobierno impuso un precio tope, y los USD$27 en Pakistán donde no existe regulación en el costo.