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Covid-19: los gimnasios intentan ser fuertes, pero muchos ya no aguantan el ritmo

Escrito por Henry Bin

24 Ago, 2020

En esta etapa, cuando el país reanuda las actividades productivas después de cinco meses de confinamiento, hay un segmento que, aunque contribuye con la salud, parece viajar en el último vagón del tren de la reactivación económica: son los gimnasios.

Sus propietarios están en la incertidumbre: no saben en qué momento el semáforo les dará luz verde correr sobre las bandas y levantar las pesas de nuevo.

Óscar Meneses, empresario de 43 años y fundador de los gimnasios Invictus y Femmefit, dos centros con membresías entre 1 mil 500 y 2 mil usuarios, cuenta que desde marzo suspendieron las mensualidades a sus clientes, las cuales oscilan entre Q600 y Q750.

Sus cuentas se desajustaron y lo que viene no es alentador: prevén que  sus costos crecerán y la demanda bajará.

“Va a ser una etapa de sobrevivencia para los gimnasios, muchos lamentablemente ya cerraron sus puertas. La verdad se ve un panorama complicado”.

Con la crisis encima y los clientes que cancelaban sus membresías, este empresario y su esposa debieron dar un giro a su modelo de negocio o sus cuentas pasarían a números rojos. Entonces retaron el equipo de los gimnasios para que sus clientes siguieran sus rutinas en casa.

Hay gente que está alquilando desde una pesa o unos implementos por Q150 hasta paquetes de Q1 mil dependiendo del equipo que se lleven.

Femmefit e Invictus debieron alquilar equipo a sus usuarios

El gimnasio se ha convertido para muchos en un estilo de vida y se extraña, dice Estuardo Arenales, un mercadólogo de 39 años:

Ya era para mi una rutina, un estilo de vida y ahora el no ir me ha llevado a cambiar esa rutina ¿Cómo lo has solucionado?  Haciendo ejercicio desde casa, pero no es lo mismo, trato de hacerlo, pero en realidad hace falta estar en un gimnasio.

Vox.gt es una empresa que nació durante la cuarentena. Dos hermanos analizaron la necesidad de equipo para hacer ejercicios en casa ante el cierre de clubs deportivos. Y por esos días una carpintería familiar ya no podía sostenerse. Manuel Says, de 24 años, y su hermana de 22, ambos universitarios, idearon algo para no despedir a 5 carpinteros:

“Mi hermana me dijo: ¿y si hacemos cajas de estas de crossfit y así les podemos dar trabajo y podemos ganar algo por nuestra propia cuenta”.

Los hermanos tuvieron éxito y en lugar de restar carpinteros, debieron contratar dos más y en este confinamiento han equipado “pequeños gimnasios caseros”. Otra ventaja es que su familia también cuenta con una empresa de estructuras metálicas y eso lo ayudó a diversificar los productos: su catálogo ya tiene 11.

“Empezamos a hacer barras pequeñas que sirven para hacer pectorales, luego nos animamos porque el negocio estaba dando las utilidades necesarias y reinvertimos todo y estamos en seguimiento de nuevos productos”.

Ana Lucía Archer, una arquitecta de 38 años, pese a que Futeca, el gimnasio a donde asiste implementó clases en línea, optó, por cuestión de horarios, hacer su propio grupo en ZOOM. Esta arquitecta no cree prudente regresar a los ejercicios de salón, porque que no habrá distanciamiento:

¿Cuál deberá de ser el nuevo modelo de gimnasio para que usted se sienta cómoda en regresar? “Creo que nos deberíamos de quedar con clases en línea hasta que haya vacuna disponible”.

No obstante, Archer dice que se pueden construir gimnasios al aire libre: es una de las mejores opciones porque en estas actividades hay menos riesgo de contagio.

Ella tiene contrato por un año, su gimnasio repondrá las cuotas cobradas cuando abran de nuevo, algo que aún es incierto.