El freno parcial a la depredación sindical es un logro significativo que debe atribuirse a este gobierno. La confrontación con el líder sindical chantajista del magisterio, así como con otro grupo similar de mafiosos en el Puerto Santo Tomás de Castilla, pone de manifiesto el despilfarro millonario de los pactos sindicales nacionales. Es relevante que sea el hijo de quien autorizó los sindicatos quien se encargue de redirigir su bienintencionada función, lejos de la explotación millonaria que sufrimos desde hace años.
Sin embargo, el problema radica en que solamente ha habido un serio enfrentamiento con esos dos sindicatos. En el Ministerio de Finanzas, donde podría haber una acción más directa, se ha permitido el gasto de Q6 millones para los almuerzos de sus integrantes. Mientras quienes pagamos impuestos debemos costear nuestras comidas, también tenemos que soportar las de muchos que viven del erario. El problema no radica en que los políticos sean corruptos, sino en que existen demasiados guatemaltecos que, al tiempo que se proclaman “personas de bien”, toleran y promueven beneficios personales bajo el común denominador de “todos roban algo”.
Los acuerdos sindicales se han extendido a todas las instituciones públicas y el texto de los acuerdos se ha convertido en una letanía homogénea, donde al leer un pacto, se leen todos los demás. Se ofrecen bonos interminables, más pagas extras que meses tiene el año, reconocimiento de una productividad inexistente, regalos por cumpleaños o festividades navideñas, días de permiso sin justificar, seguros médicos, guarderías, comidas, viviendas, fondos para pagar deudas, reparto de utilidades de empresas estatales, puestos hereditarios o con preferencias familiares, y un larguísimo etcétera. Una multitud de prebendas que suponen millones del presupuesto, repartidos entre ciudadanos que se proclaman honestos y denuncian a otros -particularmente a políticos- sin advertir su plena colaboración con este modelo depredador.
Nos encontramos ante una sociedad hipócrita, muy hipócrita. Muchos se quejan de los millones que los políticos roban, pero callan ante los millones recibidos por chantajes sindicales en connivencia con los mismos políticos que critican. Se ha alcanzado un equilibrio donde unos permiten a otros robar, sabiendo que recibirán lo que piden, que es otra forma más de expoliación. Socialmente, se ha institucionalizado la depredación económica del Estado, sin partido político ni ciudadano que escape al modelo.
La confrontación con los dos sindicatos mencionados ha permitido entrever solo la punta del iceberg, pero ha sido suficiente para promover un clima de repudio necesario para cortar, de una vez por todas, con esta sangría que terminan pagando quienes no reciben dichos beneficios. Es un trasvase de capital en el que agricultores, abogados o profesionales liberales, pagan pacientemente al funcionario que les da un mal servicio y al político que les exprime todo lo posible. Se trata de un pequeño grupo que corre con los gastos de muchos, y de lo que no estamos enterados porque se negocia en secreto, precisamente para evitar el rechazo que provocan estas barbaridades escritas y firmadas.
Debemos animar al gobierno y a los ciudadanos honestos -que siempre existen- a dejar de financiar timbres de prensa o del colegio de abogados, además de cuestiones similares, lo que representan centenares de millones perdidos anualmente para beneficio de gremios incapaces de generar sus propios ingresos y que parasitan al Estado.
Recordemos que el Estado es ineficiente y no produce nada, y hasta que no entendamos eso, seguiremos siendo esclavos de nuestra ignorancia.
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